Decidir en presente perfecto

Domingo, primer día de julio. Me despierto un poco más tarde que de costumbre; las rutinas que exige la semana inglesa también incluyen un descanso como se debe el fin de semana. De desayuno un café y a lo mejor unos huevos rancheros, aún no me decido.

Este domingo es diferente a los demás, desde el inicio, mis decisiones han tenido que ser meticulosas y efectuadas con rigor. Como si en mis hombros cargara con el peso de tomarlas. No es para menos, por ejemplo, elegir lo que desayunaré podría marcar mi día por completo. No debería de ser tan difícil, sólo es una cuestión de recursos y de hambre. Me decido por unos chilaquiles.

Llevo más de seis meses tratando de averiguar si el peso de mis decisiones influye en el sentir y estar de terceros. No es para menos, en los medios de comunicación se han encargado de recordarme lo importante que es elegir. Elegir me da libertad, me provee derecho para opinar y demandar; elegir a consciencia me ayuda en el camino con GPS integrado. Son dos cosas muy diferentes.

Finalmente, terminado el desayuno, me aventuro a ejercer la más grande de las participaciones –fiesta democrática, le dicen por ahí – ir a votar.

La contienda electoral ha transcurrido en medio de raspones, pero la campaña más importante que se ha dado no es precisamente la de los candidatos, sino la que hemoshecho todos desde nuestras trincheras: familia, amigos, redes sociales, de boca en boca o en medios escritos convencionales o cibernéticos. La campaña parece ponernos a cada uno de nosotros en la posición del candidato durante un debate formal y oficial; argumentamos hasta que sangren los oídos del contrincante. Uppercutal estilo Snatch si hemos triunfado en medio de la verborrea.

He recordado en mi trayecto hacia la casilla todas las pláticas que hemos tenido en casa y entre amigos. Los amigos que he perdido en el camino porque defendieron que votar por una mujer era completamente justo y congruente sólo porque Josefina es mujer. A mi gusto esa cantaleta siempre me pareció canción de Alicia Villarreal, una ranchera hecha al vapor y con falso orgullo femenino. Un "I WillSurvive" desgastado y de mal gusto. Esos amigos no soportaron mis comentarios irónicos y me dejaron tirando patadas al aire.Inclusive evadieron el tema de la continuidad del gobierno de Felipe Calderón. Para eso me gustaban.

Por otro lado intenté convencer a un montón de gente que ir a votar y escoger a alguna de las opciones. Mis argumentos jamás los convencieron, creyeron que estarían perpetuando el poder de los partidos dentro de la esfera política y me dejaron también en el camino. Intenté no hacerlo, lo prometo, pero las vísceras mandan. Hasta este punto creo que esto de tomarme la decisión tan en serio ha sido contraproducente para mis relaciones sociales. ¿Recuerdan la espiral del silencio? Algo parecido me paso los meses que dejé de hablar del tema; me cansé.

¿Peña Nieto? La espectacularización de los medios de comunicación sobre su imagen creó un monstruo en mí. El simple hecho de saber que gente estaba dispuesta a votar por él, sólo por su porte de actor de telenovela mexicana de bajo presupuesto, me asquea.

Sigo caminando.La casilla no está tan lejos, pero mis pensamientos pasan a mil por hora.

Aseguran que votar por el traerá certidumbre en la población. Si estuvimos en climas más “prósperos” durante los setenta y tantos años de gobierno del PRI, ya sabemos al menos sus malas mañas. ¿Sin sorpresas? ¿En serio? Parece la historia de la manzana envenenada de los cuentos: suculenta y deliciosa por fuera, pero, ¿qué tan podrida estará por dentro?

Y por último el más amoroso de los candidatos: AMLO. Mi opción durante el 2006. No le dudé por un solo instante. Aunque debo de aceptar que al término de la jornada electoral y su autonombramiento, los paros de Reforma y otras pifias también me han hecho dudar ahora. El tema de la izquierda religiosa me pone a pensar, ¿existirá tal cosa? ¿La constitución moral? ¿Lo dejarán hacer su chamba? O simplemente qué tanto es marketing, qué tanto es realidad. La historia de todos y cada uno de los candidatos.

Ya cuando estoy a punto de entregar mi credencial de elector a los funcionarios de casilla, me veo en el límite de mi decisión. Sí, aquella que sí va a afectar a terceros. Un proyecto que podrá poner a funcionar las cosas, o simplemente tapará el sol con un dedo. Me detengo, no veo más allá de eso.

Vengo del futuro y aún no sé que va a pasar. Aún no sé que haré en la casilla. Sé lo que no haré, pero en el caso positivo aún no lo descifro. Cada día que pasa se hace más claro pero lo que sí sé es que esto no puede ser tomado a la ligera como haber decidido chilaquiles en vez de huevos rancheros.

Espero terminar en próximos meses el anecdotario y contarles realmente cómo fue mi trayecto hacia la casilla.

Contacto: natszendro@hotmail.com
Twitter: @natszendro
 

Hacia la casilla
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