2012: Hablando de frente

El olor a pólvora, plomo y sangre continúa en Nuevo León y nadie nos quitará la certeza de que los problemas de inseguridad se extenderán a lo largo del año que va empezando.
 
Es de agradecer la buena actuación de las autoridades al desbaratar varias bandas de secuestradores y robachoches en las últimas semanas, así como la detención de algunos cabecillas medianos del narco. Pero, como lo hemos dicho en otras ocasiones, la solución está más allá de los golpes al crimen organizado, por más contundentes que sean (la razón: los malos apresados o muertos de inmediato se remplazan por otros peores).
 
Casi cualquier persona de buena voluntad sabe o al menos intuye qué es lo que hace falta a México y a Nuevo León para salir de esta crisis de manera definitiva: inculcar valores, respetar las leyes, crear más oportunidades de educación para los jóvenes, pagar mejor a los empleados, distribuir mejor la riqueza, garantizar justicia para todos, tener políticos que no sean corruptos, practicar la tolerancia, fomentar el arte y la cultura…
 
Mientras no cumplamos esa clase de compromisos que todos tenemos como sociedad, la represión policiaca y militar en contra del crimen organizado nunca será suficiente, pues la raíz del problema persistirá.
 
De esos pendientes, una de las tareas que los mexicanos debemos abordar y resolver, sin falta, es el combate a la impunidad gubernamental.
 
Cuando vemos que los gobernantes, funcionarios intermedios, legisladores, jueces, policías, etcétera, obran mal y no obstante las evidencias siguen tan campantes sin recibir castigo, la confianza en las instituciones se debilita y el tejido social se corroe. El mensaje es muy dañino porque nos deja con la sensación de que si se presenta la oportunidad de burlar la ley, debemos aprovecharla porque 1) nadie nos castigará y 2) las autoridades nos dan el ejemplo.
 
El resultado es catastrófico en términos de convivencia social. Lo estamos (vi)viendo
 
 
 
 
La historia reciente de Nuevo León es sumamente rica en ejemplos de corrupción o, en el mejor de los supuestos, de ineptitud por parte de vivales que asumen los cargos de gobierno como oportunidades de enriquecimiento.
 
El más ilustrativo de todos los ejemplos de corrupción o ineptitud gubernamental en el Estado, por sus dimensiones (180 metros de altura), es la Torre Administrativa, ese enorme cascarón adjunto al Parque Fundidora que representa para los nuevoleoneses, cada mes, un lastre de 10 millones de pesos.
 
Para quien no conozca la historia de este desfalco, en breve se la contamos: durante el gobierno de Natividad  González Parás, entre él y Abel Guerra (coordinador de Proyectos Estratégicos del gobierno) impulsaron el proyecto de la Torre, obra en la cual, nos dijeron, no se invertirían recursos propios ya que sería financiada a través de un novedoso esquema con la participación de bancos y la constructora que ganó la licitación.
 
Cuando la Torre quedara lista para funcionar como sede de numerosas dependencias gubernamentales, entonces el gobierno empezaría a cubrir pagos de aproximadamente 10 millones de pesos mensuales. Como el gobierno se estaría ahorrando las rentas de las dependencias trasladadas a la Torre (dispersas por toda la ciudad), en realidad no estaría desembolsando nada.
 
Estos pagos del gobierno durarían 20 años, después de lo cual la Torre pasaría a ser propiedad del Estado. Negocio redondo, ¿no? Con el mismo pago de las rentas diseminadas por la ciudad, lograríamos comprar la Torre.
 
Desgraciadamente sí fue negocio, pero para otros. Ha transcurrido más de un año desde que el Gobierno del Estado recibió la Torre y aún no la puede utilizar –excepto la planta baja– porque no cuenta con el equipamiento necesario (el cual cuesta en total más de 500 millones de pesos). Era mentira que la obra se entregaría lista para usarse; un argumento falso, un piquete de ojos para la ciudadanía.
 
Lo que sí resultó verdad fue el pago de 10 millones de pesos mensuales que Nuevo León ahora debe aportar por el financiamiento de esta Torre inútil. Piensen, lectores, en todo lo que se podría hacer con 10 millones por mes durante un año… ¿Cuántas escuelas? ¿Cuántos sueldos mejorados para policías? ¿Cuántas calles pavimentadas en colonias pobres? ¿Cuántas canchas deportivas?
 
La Torre Administrativa es una falla monumental con aroma a corrupción. Un grave daño patrimonial para el Estado que amenaza con extenderse ¡por 19 años más!
 
La vergüenza de las autoridades debería motivarlas a citar a los responsables, exigir explicaciones y castigarlos si lo merecieran. Pero no, todo lo contrario; Natividad González Parás y Abel Guerra no se inmutan; están a la “caza” de nuevas oportunidades para volver a “servir” a Nuevo León.
 
 
 
 
Corresponde a la ciudadanía ejercer presión sobre las autoridades para evitar que nos vuelvan a dar en la torre. La pasividad de los nuevoleoneses es la mejor defensa que tienen estas personas corruptas o ineptas. ¿Hasta cuándo lo vamos a permitir?
 
Ojalá 2012 sea el año en que, independientemente de las elecciones, la gente de Nuevo León hable de frente a sus gobernantes.
 
Editorial publicado en LA ROCKA No. 150.


Intro 150
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