La lección de la elección

Seamos realistas: lo más probable es que Enrique Peña Nieto tome posesión de la Presidencia de la República el 1 de diciembre. La impugnación de AMLO, aunque tenga validez moral y el respaldo de millones de mexicanos, se enfrenta a un monstruo legaloide de mil cabezas cuya decapitación es casi imposible.

El sabor de la derrota es amargo. Pero las historias más bellas de la humanidad son aquellas en las que el personaje, casi destruido, recobra la entereza, supera las adversidades que lo habían colocado en desgracia y se convierte en un héroe.

En este caso, debemos extender el alcance de la heroicidad en cuestión. Sin negarle el mérito apropiado a Andrés Manuel López Obrador, los héroes habrán de ser los mexicanos que levantaron la voz para intentar marcarle un alto a ciertas prácticas que lastiman desde hace décadas al país.

Las trampas electorales, el favoritismo de los grandes medios, la imposición de un candidato como si se tratara de un producto, la imparcialidad de la información periodística… A partir de estas elecciones, algunas entidades todopoderosas de siempre están en entredicho, públicamente y no sólo en privado.

En estas elecciones, el gran triunfo de la sociedad, de los jóvenes en particular, será haber despertado. Tras un letargo que parecía interminable, de repente el volcán de la inconformidad entró en erupción.

Pero el proceso de cambio está en su primera etapa aún. Abrir los ojos significa ver; y después de ver lo que antes no se percibía, se requiere pensar, reflexionar, hacer acopio de información y empleo de la inteligencia para tomar decisiones, corregir errores, exigir otras verdades más profundas.

En este camino hacia el empoderamiento cívico, la autocrítica jugará un papel fundamental. Es una brújula que, por citar un ejemplo triste, ha extraviado López Obrador. Incapaz de aceptar un señalamiento, está condenado a entrar en conflicto con quien ose opinar de manera distinta a él.

Reconocer las imperfecciones propias, los errores, los defectos, ayudan a solventarlos. En cambio, agredir al mensajero de nada sirve.
 

 
Los reporteros son eso: mensajeros. Los de Televisa y de cualquier otro medio son personas tan mexicanas como cualquiera de los integrantes de #YoSoy132, con los mismos derechos, entre ellos el de libre tránsito. Lo que están haciendo es trabajar, como hacen los afortunados que cuentan con un empleo en este país. Si la empresa para la que trabajan se conduce de manera poco ética, habría que ver de quién es la responsabilidad.

Bloquear, agredir, ridiculizar, amedrentar a los reporteros es inútil y estúpido. Inútil, porque quien toma las decisiones y marca la línea editorial del medio es su propietario; y estúpido, porque la percepción general de esta agresividad será en contra de un movimiento ciudadano que para prosperar necesita cosechar adeptos, no detractores.

Hace unos días, una jueza llevó a extremos pueriles su molestia contra una reportera. Las circunstancias no se equiparan a la relación nada cordial entre algunos ciudadanos y periodistas de ciertos medios, pero los resultados negativos obtenidos por esta mala servidora pública brindan una enseñanza provechosa sin duda para quienes aún creen que es buena idea agredir a los trabajadores de medios informativos.

La jueza Luz María Guerrero Delgado, cuya carrera profesional tiene manchas que alguna vez, hace años, expuso la periodista Sanjuana Martínez, no se quedó con las ganas de vengarse.

Aprovechando que la reportera dirime un trámite de divorcio cuyos detalles salen sobrando en este artículo, la jueza ordenó su arresto, el cual fue realizado por elementos policiacos portando armas largas. Los uniformados irrumpieron en el domiucilio como si se tratara no de la periodista regiomontana de mayor reconocimiento nacional e internacional, sino de la Reina del Sur.

Sí, tal vez la jueza Guerrero Delgado saboreó haber maltratado a Sanjuana, quien sufrió varias horas de cárcel en los separos del Parque Alamey; pero la jueza se llevó una carretada de críticas de tal envergadura, que hoy debe darle vergüenza salir a la calle. En cambio, el prestigio, el aprecio por Sanjuana, se elevó, por mera solidaridad del gremio.

 
 
Por estos días se habla de tomar las instalaciones de Televisa y presionar a otros medios informativos, a la par de impredir la toma de posesión de Peña Nieto.

Ojalá todas las acciones sean dentro de un marco de cordura e inteligencia para no perjudicar a inocentes y, sobre todo, no cometer un harakiri cívico. Estamos abriendo los ojos, no los cerremos por un golpe mal dado.

 
Editorial publicado en LA ROCKA No. 159


Intro 159
TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE:LO MÁS VISTO:

Para leer más

Celebran su apoyo radial El Teatro Ángela Peralta...
PRESENTAN LIBROS SOBRE AYOTZINAPA.- La noche del 26...
CHARLARÁ CON SUS LECTORES REGIOMONTANOS.- Sergio Ramírez (Nicaragua,...
JUAN TREJO TAMBIÉN ESCRIBE PARA QUE LO...
INICIA LA FERIA DEL LIBRO DE LA...
EL RETORNO DE 'LA BELLA Y LA...
UN TEXTO AUTOBIOGRÁFICO DEL ESCRITOR LUIS PANINI.- Hace...
LA ÚLTIMA DE ROBIN WILLIAMS.- La tercera entrega...
TIERNOS, GORDITOS Y TE HARÁN REÍR.- Después de...
JUAN CEDILLO PRESENTA 'EITINGON'.- El 20 de agosto...