Los tontos

Hay una verdad que casi nadie, de entre quienes podrían decirla, la dice —por diplomacia, por tacto, por apegarse a la corrección política: la mayoría de la gente en México es muy tonta; o al menos, bastante tonta. De no ser así, Enrique Peña Nieto habría recibido muy pocos votos, y programas televisivos como el de Mario Bezares o el de Óscar Burgos tendrían audiencias muy bajas.

"Falto o escaso de entendimiento o razón", señala el diccionario de la Real Academia de la Lengua como primera acepción de tonto / tonta. Evidentemente se requiere padecer un déficit de raciocinio para tomar decisiones o cultivar aficiones como las señaladas en el párrafo anterior.

Vale advertir que todos, alguna ocasión en la vida, hemos sido tontos, pues seguro nos hemos encontrado faltos o escasos de entendimiento o razón, sea por las circunstancias de ese instante o por mera ignorancia del tema que se estuviera abordando.

Pero de cualquier modo, aunque sea una arbitrariedad de nuestra parte, suponemos que la gente leyendo este artículo supera el nivel intelectual de quienes prefieren ver a Chavana o "Las lavanderas"; no tanto porque este texto despliegue una aguda erudición o LA ROCKA brille por la sabiduría derramada en sus páginas, no, no es por eso sino por la verdad irrebatible de que leer conlleva un esfuerzo (placentero, pero no deja de ser un esfuerzo) que espanta a quienes hacen del control remoto su centro neurálgico.

Entonces, si nos encontramos ejercitando la lectura y por ello automáticamente nos asumimos como más inteligentes —o menos tontos— que la mayoría de la gente, aquella que prefiere ver la televisión antes que leer, reflexionemos en torno a la abundancia de personas a las cuales se puede aplicar la descripción de “faltos o escasos de entendimiento o razón”.
 

 
Hay una pregunta esencial en estos momentos de resaca electoral: ¿cómo es que existen tantas personas capaces de votar por un partido históricamente nocivo para el país? La respuesta, aunque públicamente se expresa en otros términos y viene atada a explicaciones y acusaciones, es sólo una: hay demasiados tontos con credencial del IFE.

Nadie lo va a plantear así, ya que suena ofensivo en exceso. Pero la definición de “tonto - tonta” es muy clara y resulta muy fácil ver quiénes votaron “faltos o escasos de entendimiento o razón”.

De hecho, son tontos quienes sufragaron a favor de cualquier partido o candidato sin saber bien a bien por qué lo hacían… votaron tal vez a cambio de un regalo, dinero, una tarjeta.

Aclaración importante: quienes hayan acudido a las urnas con pleno convencimiento de votar por uno u otro candidato después de haber razonado y entendido, no caben en el anterior supuesto; es decir, no son tontos.

Pero quienes favorecieron a tal partido o candidato sólo porque, según les dijeron, podrían perder un apoyo gubernamental, o por la promesa de recibir una despensa o algo parecido, ellos sí, qué tontos.

Hace unos días se realizaron manifestaciones afuera de Televisa (en Monterrey y varias otras ciudades) por parte de jóvenes inconformes con el papel que jugó la televisora en la reciente agenda electoral.

Sus detractores atribuyen a Televisa, así como a las otras televisoras comerciales, el rol y la capacidad de actuar como agentes condicionadores del voto. Según la acusación, Televisa prácticamente empujó al público a votar por Enrique Peña Nieto, y lo hizo empleando el poder de sus programas informativos en los que manipula la verdad una y otra vez.

Aunque Televisa sea una pieza clave del sistema coercitivo que pretende regresar al PRI a la Presidencia, la idea de noticiarios omnipotentes suena descabellada. Protestar contra quien ejerce un derecho constitucional (la libertad de prensa, la libre expresión), además, parece un despropósito antidemocrático.

El problema no es Joaquín Lopez Dóriga o Ciro Gómez Leyva tratando de picarle los ojos al público; lo grave de México es la enorme cantidad de gente tonta (en la definición de la Real Academia) que resulta susceptible a la manipulación de cualquier índole.
 

 
La pregunta que debemos abordar es ¿qué hacemos para disminuir la cantidad de tontos en el país? O, para que suene menos feo: ¿cómo le hacemos para disminuir la cantidad de personas “faltas o escasas de entendimiento o razón”?

Sin duda, la televisión mexicana tiene una responsabilidad histórica en esta materia. Durante décadas, las televisoras se han esforzado en hundir al público en la ignorancia, el mal gusto, la pobreza de valores, la miseria intelectual.

Pero seamos inteligentes: en el coctel de programas basura que nos brinda la TV, los noticiarios son el último eslabón; antes de llegar al tramo de la distorsión informativa, hay numerosas emisiones que debilitan la mente y el espíritu de la gente: ¿qué clase de intelecto podemos esperar de quienes ven regularmente a Poncho De Nigris o a Cecy Gutiérrez, por ejemplo?

Televisa y las demás televisoras son fábricas de tontos que en los procesos electorales sirven para que tipos como Peña Nieto cumplan sus metas.

Las críticas, los señalamientos, las protestas como las que organiza el movimiento #YoSoy132, antes de enfocarse en los programas de noticias, deberían buscar poner en evidencia la materia fecal televisiva que contamina la vida de millones de personas en nuestro país.

No son tontos, los hacen.


 
Editorial publicado en LA ROCKA No. 160


Intro 160
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