Y se murió la confianza

Aunque los ímpetus rebeldes y cuestionadores de los jóvenes suelen menguar cuando se vuelven adultos, hoy resulta fácil predecir que la semilla de la decepción, el escepticismo y la incredulidad implantada a las generaciones actuales dará como fruto, en un futuro que ya es presente, una mezcla de apatía y desprecio hacia los gobernantes, los políticos, las autoridades y muchas instituciones de abolengo.

Se murió la confianza (lo que quedaba de ella) y a estas personas ya no se les cree ni cuando dicen la verdad. Demos un vistazo a un puñado de acontecimientos recientes, de índole político-gubernamental, para entender el abismo que separa a nuestros “líderes” (jajaja) de la población en general y los jóvenes en particular. —El Ayuntamiento de Monterrey huele peor que un drenaje séptico descompuesto pero integrantes del Cabildo y funcionarios del gobierno municipal parecen disfrutarlo al máximo, con sus trompas bien erguidas, clavando uñas y dientes a ciertas circunstancias para extorsionar hasta el último día a quien se deje.

En el trienio que está por finalizar, la Presidencia Municipal de Monterrey ha sido uno de los más grandes nidos de sinvergüenzas de que se tenga registro, por obra, gracia y ejemplo de Fernando Larrazabal. Guiado por su ambición (inexplicable para un ser humano normal), el también ex alcalde nicolaíta utilizó toda clase de mañas y artimañas para abandonar la alcaldía regiomontana y convertirse en diputado federal, burlando el espíritu de la ley de la manera más burda que se recuerde, tanto así que en perspectiva hasta Maderito se ve como un catequista.

Larry, como se le dice de cariño, debía regresar a su puesto de presidente municipal tras la demanda de un ciudadano que se quejó de su chapulineo y recibió el respaldo de un juez, No obstante, el hermano del mejor vendedor de quesos del mundo evadió la ley con la complicidad de sus súbditos del Cabildo y hoy está a punto de tomar protesta en el Congreso de la Unión.

El descrédito de Larrazabal lo pagará cuando intente apoderarse de la gubernatura, dentro de tres años. Aunque tal vez se saldrá con la suya otra vez en 2015, porque su estilo priista de ganar votos es efectivo (la compra de voluntades mediante “regalos” y beneficios a quienes nada tienen y por eso todo agradecen), el efecto devastador de la pérdida de confianza lo alcanzará tarde o temprano. —Así como el ejemplo de ambición y cinismo de Fernando Larrazabal permeó a todo su equipo, de tal forma que la desfachatez y la sinvergüenza se extendieron a otras ramas de la administración municipal sin ningún freno, así también el estilo de gobernar de Rodrigo Medina se traduce en casos de corrupción, dispendio, tráfico de influencias, ineptitud e impunidad en muchas áreas del Gobierno Estatal, lo cual terminará marcando su sexenio si no los corrige.

No ahondaremos en casos de corrupción bien documentados como los del Instituto de Control Vehicular, Comunicación Social o Metrorrey, donde la única consecuencia para los responsables ha sido la renuncia. Y ni qué decir de los casos de despilfarro y desvío de recursos, como los que realizó durante más de un año en aras de su promoción personal el ex encargado del Instituto de la Juventud, Frank Salazar, también conocido como el loser de Santa Catarina por haber perdido allí en las pasadas elecciones (quería ser diputado).

Sólo repetiremos lo que se dice en todos lados: mientras el Gobernador no ponga un alto a los rufianes que trabajan con él, la imagen de su Gobierno seguirá en baja estima y la credibilidad en las autoridades estatales descenderá hasta donde no se había visto. — En vez de citar ejemplos de corrupción, cinismo o falta de vergüenza de fucionarios bajo la batuta de Felipe Calderón, hagamos alusión a la pingüe confianza que le prodigan los mexicanos al gobierno federal según queda en evidencia en situaciones como el extravío del cadáver de Heriberto Lazcano “El Lazca”.

Ser el hazmerreír a nivel mundial cala, pero lo verdaderamente grave es el escepticismo de la población, empezando por los jóvenes, ante la noticia de que se perdió el cadáver de uno de los capos más sanguinarios y buscados del mundo. La confianza en el gobierno es nula, producto de la misma cadena de desatinos de las autoridades de los tres niveles. ¿Qué tipo de sociedad emergerá como consecuencia del divorcio cada vez más amargo entre los gobernantes y la ciudadanía?

El desgano y rechazo casi unánime hacia estos y otros personajes de la farándula gubernamental podría generar una disidencia ciudadana fuerte, con imaginación y liderazgo como para proponer alternativas de autogestión y exigir una rendición de cuentas más seria a los gobernantes. Sin embargo, siendo realistas, lo más probable es que la reacción de los hoy jóvenes será distanciarse cada día más y más de quienes han demostrado ser las principales lacras de la sociedad: los políticos. Lo más viable es que tarde o temprano se producirá un estallido social (no necesariamente violento) que transforme por completo la estructura de gobernanza que hemos padecido hasta hoy. Quienes no son dignos de confianza, no tienen derecho a subsistir en el zoológico de la política profesional, porque ya nos tienen hartos. Si no lo entienden hoy, tal vez mañana será demasiado tarde para ellos.Intro 163
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