El mejor negocio del mundo: Vender quesos

LA ROCKA No. 144Al llegar a la edad de trabajar –hay quienes deben hacerlo desde la niñez–, lo ideal es encontrar una actividad agradable, placentera y bien remunerada. En esa búsqueda instintiva, el hermano del alcalde de Monterrey parece llevarnos la delantera a los demás seres humanos que habitamos esta ciudad.

Mientras la mayoría de la gente consigue un sueldo que apenas le alcanza para medio vivir aunque desempeñe dos empleos, él nos pone el ejemplo de cómo debe ser una persona exitosa.

El miércoles 31 de agosto, el señor Manuel Jonás Larrazabal se convirtió en la estrella noticiosa de la ciudad y del país cuando El Norte reveló videos en los que aparece recibiendo pagos que nos hacen pensar en corrupción.

Pero nos equivocamos: los videos muestran simples transacciones comerciales. El “Jonás brother” cobraba los quesos oaxaqueños que él vende por toneladas y que los casinos locales utilizan para preparar sabrosas quesadillas, esos sofisticados bocadillos que deleitan a la clientela apostadora mientras juegan sus fichas.

El argumento defensivo del hermano de Fernando Larrazabal es sólido, duro como el corazón de un político con aspiraciones a la gubernatura. A él le gusta ir a los casinos y aprovecha para cobrar cuentas, ¿cuál es el problema?

Después de analizar sus explicaciones bajo los estándares periodísticos de mayor rigurosidad, en LA ROCKA hemos decidido apoyarlo públicamente. Nos convenció a todos.

La suposición de que este hombre extorsionaba casinos amparado en su relación carnal con el alcalde, carece de sustento. ¿Corrupción? Parece, pero no es lo que es. La Constitución no prohibe recibir pagos en efectivo y mucho menos guardar fajos de billetes en cajas de radioteléfonos Nextel.

Además, ser el hermano de un alcalde no es delito. Si Fernando miente, especula, negocia, roba, acepta transas y tiene o ha tenido tratos en lo oscurito con dueños de casinos, es asunto de él y no de Jonás; a él no lo acusen.

Y ultimadamente, no hay qué pegar el grito en el cielo: otros alcaldes también se asocian o relacionan con los dueños de estos garitos: con Maderito fue un descaro total, y en San Nicolás no olvidemos que el llamado “Zar de los Casinos” donó un helicóptero al entonces alcalde Zeferino Salgado a cambio de… a cambio de nada, claro está, fue pura generosidad.

Zeferino, por cierto, tuvo que devolver el artefacto volador ante la presión periodística y ciudadana, pero afortunadamente el Presidente Felipe Calderón recompensó su honorabilidad intachable nombrándolo delegado federal de Comunicaciones y Transporte, faltaba más.


 
Los videos del otro día no prueban nada contra Jonás, ni siquiera se puede ver cuánto dinero se está embolsando.

Por el contrario, debemos apoyar la iniciativa que seguramente ya estarán preparando los connotados panistas Zeferino Salgado y Raúl Gracia, cómplices o aliados de Fernando Larrazabal en la llamada “neocúpula” del PAN, para otorgarle algún reconocimiento al hermano del alcalde.

De entre las preseas que las celebridades albiazules están considerando asignar a Jonás, sin duda la de mayor mérito debe ser la de “Hombre de negocios del año”. No es para menos, la astucia empresarial que ha demostrado este personaje rebasa la imaginación de los simples mortales que se conforman con un sueldo honrado pero pobre.

Él, con la venta de quesos y algunos otros productos típicos de su lugar de origen, obtiene ingresos ¡por los cuales ni siquiera otorga facturas! Qué felicidad librarse de los engorrosos trámites a los cuales la Secretaría de Hacienda somete a los demás ciudadanos.


Hace años un libro ocupó los primeros peldaños de popularidad en el mundo occidental, se llama El vendedor más grande del mundo y su autor fue Og Mandino. También son legendarias las estrategias y capacidad de ventas de muchas mujeres que han ganado fortunas con los productos Mary Kay, y no se diga aquellos que forjaron una riqueza con Amway, Omnilife y otros sistemas piramidales de ventas.

No logramos aún averiguar si Jonás Larrazabal estudió los secretos de estos expertos de negocios, o si los aprendió de su hermano Fernando (o si éste los aprendió de Jonás).

De lo único que estamos seguros es que la venta de quesos oaxaqueños es un negocio tan grande y prometedor, que la derrama económica probablemente llega hasta la Presidencia Municipal. ¡Oh!, ¿qué podremos esperar si Fernando alguna vez gana, como lo desea fervientemente, la Gubernatura de Nuevo León?

Editorial publicado en LA ROCKA No. 144.



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