¿No debería molestarnos en lugar de hacernos reír?

El pasado miércoles asistí a ver el documental De panzazo, un trabajo realizado por el periodista Carlos Loret de Mola y Juan Carlos Rulfo.

En dicho documental se pretende señalar lo mal que se encuentra el sistema educativo mexicano en todos sus flancos: el de los maestros, los alumnos, los padres de familia, el sindicato y el gobierno federal.

No voy a ahondar mucho en el documental en sí, sólo puedo comentarles que a pesar de no ser “el gran documental”, de la credibilidad tan golpeada del periodista, del hecho que de pronto se pierde un poco en su secuencia, de su parte “aleccionadora” que parece más un comercial de los que hacen en la compañía televisora a la que pertenece Loret, habría que verlo, pues el solo hecho de cuestionar de manera pública y masiva la educación mexicana valdría nuestra atención.

Por otro lado, hace preguntas o cuestionamientos que bien podría hacérselos uno mismo. Es decir, va un poco más allá el asunto, no se trata de Carlos Loret, sino de la educación mexicana.

También hay que resaltar que el otro nombre detrás de este documental es el de Juan Carlos Rulfo, quien cuenta con una trayectoria importante.

Es una opinión muy personal, ya les había comentado en mi post anterior que soy de los que trato primero de asistir y, en base a eso, emitir un juicio; pero cada uno de ustedes tiene la libertad de hacerlo o no (asistir).

El punto al que voy, y pretendo ser breve, es lo irónico que me resultó asistir a ver el documental. Se los platico en dos sucesos que llamaron mi atención:

Justo cuando aparece la periodista Denise Dresser diciendo que en México tenemos una mala educación, tuvimos que voltear a decirle a una persona que estaba en la fila detrás de nosotros que dejara de hablar por teléfono. ¡Por Dios!, estás en el cine y hay otras personas a las que hay que guardar respeto. El tipo todavía se enojó pero al final dejó de hablar por teléfono.

Cuando sucede esto, mientras se sigue hablando de la mala educación en los mexicanos, volteo un poco a mi alrededor en la sala y veo a unas personas con los pies encima del respaldo de los asientos; otros más allá platicando como si estuvieran en cualquier otro lugar menos en una sala de cine, y una chica con su celular encendido mandando mensajes.

Entonces: ¿no es esto una falta de respeto y educación? No pretendo ser moralista ni mucho menos, pero definitivamente al cine no vas a platicar ni a estar “chateando”; vas a ver una película. ¿Estoy mal?

El otro suceso que llamó mi atención, y esto creo que es más preocupante, fue que la gente reía cada vez que salía una escena donde se mostraba o señalaba alguno de los problemas de nuestro sistema educativo.

Rieron al ver a Elba Esther, aunque seguramente ella prefiere que nos riamos a que la cuestionemos; al escuchar a un joven decir  “que se muera quien se tenga que morir” cuando mostraban que en las telesecundarias no funcionaban las televisiones o cuando un alumno de secundaría decía “ire, ire”.

¿No debería molestarnos en lugar de hacernos reír el hecho de tener en México un sistema educativo de tan bajo nivel?

Sí, es verdad que se ha dicho infinidad de veces que el mexicano se ríe hasta de la muerte, pero ¿hasta cuándo vamos a seguir riéndonos de todo?

Ni 'de panzazo'
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