Somos personajes de nuestra propia historia

El fin de semana pasado estuve en el Distrito Federal con Inspector; teníamos unas fechas por allá y, cuando los compromisos lo permiten, aprovecho para visitar amigos.
 
En esta ocasión tuve la oportunidad de charlar con Elena Santibáñez, una muy querida amiga quien está realizando un importante trabajo acercando a los músicos de rock a la literatura, esto a través de su editorial R&B, sin duda una buena propuesta literaria donde han sido publicados músicos como Jaime López, José Manuel Aguilera y Armando Vega Gil, entre otros.
 
La mañana se acariciaba fresca, con un sol que alumbraba pero no calentaba mucho. Gente caminando en grandes grupos como una corriente humana, la marea que avanza por el Centro Histórico y una cafetería con mucha historia, dónde almorzamos frente al ventanal. Afuera la calle parecía un aparador en tiempo real.
 
En un momento de la charla hablamos sobre ser o no ser honorables. Este ha sido un punto que me ha traído dándole vueltas.
 
Buscando la definición de "honorable" en el diccionario, dice: "Digno de ser honrado o acatado. Respetable, digno".
 
Obviamente hay artistas, digamos músicos, que es sobre quienes hablábamos, que son honorables, como eso: músicos, mas no como personas. Pueden ser grandes compositores o ejecutantes y eso no implica que tengan que ser personas de respeto. En todo caso lo que se respeta es su música, su trabajo.
 
Pero lo que me ha venido dando vueltas en la cabeza es la siguiente pregunta: ¿Qué tanto puede, o no, influir la honorabilidad de un músico o artista en su obra? ¿Se puede diferenciar el artista del individuo?
 
En el rock en México conozco muchos casos de "personajes"; esos que frente al micrófono son unos y tras bambalinas son otros.

Eso no es nada nuevo, sin embargo, el público da por sentado que quien ve en el escenario es la misma persona que debajo de él; eso afecta directamente la percepción del espectador frente a la obra. De igual manera, si el público supiera detalles de la vida cotidiana del artista, asimismo modificaría la precepción de su música.
 
Conozco también artistas que son íntegros, que así como los ves, así son en todo momento; sin embargo, esa integridad se ha ido moldeando; la identidad lograda se fue construyendo paso a paso, inconsciente o conscientemente. Digamos que se fue creando un personaje.

La diferencia en estos artistas íntegros es que el disfraz, y no lo digo despectivamente, se lleva todo el tiempo, se es congruente con el personaje; concuerda la imagen con los actos.
 
Entonces, me pregunto: ¿ser artista conlleva ser un personaje?
 
Lo que sí creo es que todos somos personajes de nuestra propia historia.
 
¿Ustedes qué opinan?

La honorabilidad y el disfraz de artista
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