Nunca falta alguien así

Ir al cine hoy en día ya no es una experiencia, al menos no una positiva.

Recuerdo cuando era niño, asistir al cine era toda una aventura. El hecho de ver la película en una pantalla grande atraía nuestra atención; nos asombraba ver a nuestros héroes y heroínas gigantes, y es que eso eran para nosotros.

Con esto no quiero decir que se haya perdido esa emoción en los más pequeños; pero en los adultos, sí.

Ir al cine hoy en día es solo algo más de nuestras actividades. Pareciera que sólo es parte de “hacer algo”, ocupar el tiempo e incluso, como parte de una cita. Claro, no está del todo mal si tomamos en cuenta que se trata de entretenimiento, pero para que algo te entretenga tienes que dedicarle un mínimo de atención, y eso en muchos casos no sucede.

Anoche asistí a la Cineteca por la noche. He de decir que me gustaron mucho los cambios que realizaron con motivo del XV aniversario. La animación de inicio, la cartelera de eventos recomendada antes de la proyección, las pequeñas marquesinas a la entrada de las salas. Muy bien por la Cineteca Nuevo León; se notan las ganas y el esfuerzo de ir creciendo aún más. Es un recinto que muchos disfrutamos y al que le agradecemos su propuesta.

Hacía mucho no iba en horario nocturno y la verdad es que fue un poco molesto por terceras personas. Aclaro, por terceros.

Nunca falta alguien así:

Un tipo en la fila de atrás quería hacerse el interesante con la chica que lo acompañaba mencionando que quien aparecía en la cinta era el mismo director Kusturica, interpretándose a sí mismo. No lo hacía en voz baja y, queriendo mostrar que sabía de cine, demostró todo lo contrario al no entender que algo de lo más importante y que todo “cinéfilo” debe saber es que en la sala de cine, durante la proyección se debe guardar silencio. Y no fue todo: el sujeto se mantuvo gran parte de la película con los pies arriba del respaldo del asiento de enfrente, aun cuando en el asiento contiguo había alguien sentado. De pésimo gusto.

Cuando mi acompañante volteó y les pidió guardaran silencio, recibió gestos de desagrado, como si nosotros fuéramos quienes hacíamos mal en pedírselos.

Parecía que de algo había servido la llamada de atención. Todo transcurría bien hasta que a la chica de la fila de adelante se le ocurrió comenzar a cantar las canciones. Sí, literalmente eso hizo: ¡se puso a cantar en el cine!

No obstante, repetía todo lo que veíamos en la pantalla. Vamos, el cine es imágenes y no hay porqué redundar en lo visto.

La chica acompañaba las imágenes con su reafirmación: ¡Mira, abrió la puerta! ¡Ay, qué bonito es el mar! Y hacía referencias a su propio entorno: ¡Por mi casa hay una señora igualita!

Recalco que o lo hacían en voz baja. Por el contrario, mientras más fuerte era el audio de la película más gritaban.

Eso provoca un efecto como lo que ocurre con las palomas cuando les das comida y todas se acercan, digamos el “efecto migajón”. O como ese ejemplo que dan mucho, que en el cine cuando alguien tose seguro alguien más lo hará como en repetición; bueno, así ocurre igual al hablar durante la película: llegó un momento en que gran parte de los asistentes, que no eran mucho, estaban hablando. Se contagiaron.

No es tan difícil entender varias cosas al asistir a una sala de cine o de conciertos.
  • Lo primero es el respeto mutuo. No es un lugar para platicar, y si tu compraste un boleto, el otro también lo hizo y tiene derecho a ver la película cómodamente.
  • A nadie le interesa tus comentarios ni opiniones durante la proyección. Los comentarios que importan son lo de los personajes.
  • Si sabes mucho de cine, entonces sabrás que hay que guardar silencio en la sala y no andar “pavoneando”; sólo te hará ver muy mal.
  • Facebook, mensajes y demás redes pueden esperar mientras estás viendo la película. Te lo juro que no se puede ver una película y chatear al mismo tiempo.
  • No se contesta el teléfono dentro de la sala por respeto a los demás.
  • Si la película te aburre, salte. A fuerza ni los calcetines.
  • No vayas al cine como parte de una cita amorosa, a menos de que a tu pareja le guste disfrutar del séptimo arte. Mucho menos quieras verte interesante y la lleves a ver una película “de arte”, de las que ni tú acostumbras a ver, porque seguro terminarás hablando.
  • Los asientos no son para descansar los pies. Esos asientos tuvieron un costo y sirven para que muchos nos sentemos ahí a disfrutar la proyección cómodamente. No en lugares gastados, sucios y descompuestos. Eso es de pésimo gusto.
  • Por último: si vas al cine disfruta de la película. A eso vas, por eso pagaste. No compraste un boleto para ir a charlar y los demás no compramos un boleto para escucharte a ti hacerlo.
Sé que todo esto se ha dicho muchas veces, sin embargo, sigue ocurriendo todos los días.

SI VAS AL CINE, POR FAVOR, ¡NO HABLES!Si vas al cine, ¡no hables!
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