Un monocordio en el camino

La carretera nunca es de un solo sentido, siempre hay una ida y un regreso. Y estoy precisamente en el regreso a casa.

Aunque haya recorrido infinidad de veces la carretera Saltillo-México, DF, ésta nunca es la misma; de hecho me doy cuenta que cada recorrido es una experiencia única porque los pensamientos son distintos en cada viaje, las canciones son otras, la luz del sol o la mano de la luna dotan de distintos colores las mismas montañas, los mismos poblados.

Una recta que sube y baja por el altiplano potosino conduce hacia un horizonte blanco grisáceo: aparece Monocordio en la escena.

Monocordio es el alter ego de Fernando Rivera Calderón, músico y periodista quien durante más de 10 años ha cantado su vida bajo el nombre de ese instrumento con el cual Dios afina el universo.

“Siento que algo está pasando”, canta Fernando, y justo en este momento, a mi lado derecho, rebaso a un camión con un anuncio grande a su costado que habla de cerveza y playas lejanas.

¿Cuántas cosas he dejado atrás en esta mi carretera? Es increíble cómo los símbolos aparecen en el camino detonados por una canción. Aún sigo dejando cosas en el recorrido, sólo espero un día no ser yo quien me quede atrás.

La canción de Monocordio se llama "Siento" y viene incluida en su disco La hora del tiempo. Es una canción con todas las de la ley. Ahora les digo por qué.

El tema comienza con una percusión que da la sensación de un Bossa, acto seguido aparece toda la instrumentación y Rivera Calderón cantando: Siento que ha pasado el tiempo y ahora somos otros, no lo percibí. Y justo casi sin percibirlo, al llegar al coro aparecen un par de trompetas que le dan un color muy mexicano a esa parte de la canción.

No termina ahí, no sólo fue una pincelada; gira la tuerca completamente y, casi sin darnos cuenta, la instrumentación ahora es en base a una vihuela, guitarrón y trompetas: instrumentación de música vernácula, o al menos esa impresión me da. Todavía, por si no fuera suficiente, al final Fernando lleva el tema hacia un swing con esbozos de jazz.

En conclusión: un tema que puede ser tocado en géneros tan distintos entre si, que no suena con calzador y que su letra no desentona, es una auténtica y completa canción en todo el sentido de la palabra.

Sumergido en este pensamiento ahora reacciono: Estoy, literalmente, en medio del día. Al lado izquierdo de la carretera las nubes son de un naranja lumbre, los cerros aparecen a contraluz y el sol está por morir: es el ocaso. Al lado derecho el cielo azul acaricia el gris horizonte detrás de las montañas pintadas de noche: la luna está despierta.

De un lado muere el día, del otro nace la noche y, en medio de la carretera, yo regresando una vez más, dejando otras cosas detrás…Siento que algo está pasando. 



Anecdotario de Viaje 3
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