Calderón no se va; EPN promete más de lo mismo

Enrique Peña Nieto hizo ayer aquí una promesa que, estoy seguro, va a cumplir. El priista se comprometió a librar un “combate frontal” contra el narco. Esto es, avaló la decisión del presidente Felipe Calderón y nos ofrece más de lo mismo.
 
“Combate frontal” significa la renuncia a un ensayo de solución política y formal promisión del empleo de las armas del Estado contra las armas de los sicarios: infantería contra infantería. No todos, pero sí la mayor parte de los generales y auténticos capos –por favor, el chapo Guzmán es un simple jefe de pistoleros– mueren en la cama.
 
El mexiquense no abrió, como lo hubiera hecho un candidato equipado con recursos políticos, un abanico de opciones para continuar la lucha armada –sí, eso tiene que seguir; México saltará en pedazos si se abandona la pelea– al tiempo que en forma paralela se ponen en juego tácticas y estrategias políticas y financieras.
 
Todos sabemos, menos la élite del poder, que el talón de Aquiles del tráfico de estupefacientes es el tesoro de los dones. Pero quizá ni en México ni en Estados Unidos existe una verdadera intención de desmantelar esa estructura de criminales.
 
Ayer, aquí, EPN nos prometió más de lo mismo, al tiempo que garantiza la inmunidad de Calderón: de qué vamos a acusar al michoacano si el priista está comprometido a ahondar y ensanchar el lago de sangre.
 
No podemos decir que el precandidato nos desilusionó: nada bueno esperamos de él. Para variar, nos regaló una más de sus acostumbradas pifias: ya había olvidado tomar la protesta a las bases territoriales.
 
Comparado con EPN, Vicente Fox es una combinación de Churchill y de Gaulle.
 
El político profesional es un actor: debe tener dominio escénico y tonal. Qué le vamos a hacer: al muchacho no se le da. Eso es lo de menos. Lo de más lo veremos si su triunfo electoral confirma que sobre México cayó la maldición de todo el pueblo gitano.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Guatemala es la primera ficha del dominó que cae sobre las otras piezas. Previsiblemente, no quedará ni una en pie.
 
Otto Pérez, general del ejército, verdugo de miles y miles de hombres, mujeres y niños, fue investido ayer como Presidente de la República. Lo lleva al poder el voto del miedo.
 
Los guatemaltecos conocen su historia, pero en el bello, sufrido país, la violencia es un problema más grave que el hambre. Pérez promete mano dura y eso es lo que la sociedad quiere oír.
 
Estamos viendo y viviendo el principio del fin del sueño iberoamericano de la democracia.


Sin tablas
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