El Ejército, como la Iglesia católica, protege a sociópatas y pervertidos

Las fuerzas armadas de México y la Iglesia católica tienen muchas cosas en común.
 
La jerarquía eclesiástica protege a los sacerdotes pederastas: los Ejércitos de Aire, Mar y Tierra hacen lo mismo con los hombres y mujeres que ensucian el uniforme –son traidores a la Patria, independientemente de que no estén en vigor los Códigos de Guerra– al perpetrar los mismos delitos que, se supone, deben reprimir y castigar.
 
Eso es algo más que un crimen: es una estupidez, como dijo el político francés.
 
¿Para qué dar amparo a quienes al lastimar a la sociedad dañan, también, a la institución a la que sirven? Los problemas que parecen complicados son, frecuentemente, de fácil solución.
 
En el caso del estamento militar, la solución se corresponde con la justicia y con la inteligencia: ergástula preventiva, juicio civil y, si es culpable, degradación y prisión por los años que sea.
 
Los mandos castrenses están cometiendo un grave error. El resultado: a largo o quizá mediano plazo perderán la confianza y el respeto de la sociedad.
 
Sé que la gran mayoría de la tropa son personas de honor y con eso está dicho todo. Razón de más para ahora sí que tratar manu militari a quienes traicionan a México, a la bandera, a su corporación y a sus hermanos de armas.
 
No pedimos venganza por los civiles inocentes –algunos de ellos niños– que no sólo fueron asesinados por sociópatas de uniforme sino que además se les pretendió enlodar al hacerlos pasar como narcos.
 
Venganza no: sólo exigimos justicia.
 
Se antoja fácil la salida honrosa del laberinto… A menos que se trate de eso: de desprestigiar a soldados, marinos y aviadores para que los mexicanos reciban con aplausos y flores a los mercenarios –pomposamente llamados contratistas– de agencias norteamericanas de seguridad tan poderosas que están tratando de privatizar al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de aquel país.
 
A México no vendrán los marines ni los seals ni los comandos paracaidistas. Esos son, permítaseme el pochismo, “the good fellas”.
 
No, los que vienen no matan: asesinan, torturan, violan y roban. No son soldados sino sicarios, como los narcos. Tienen inmunidad, sólo le rinden cuentas al “boss” que los contrató y aparte ganan muy buen billete.
 
¿Será esa la esencia del problema? ¿Están algunos castrenses dedicados al asesinato, el plagio y todo eso para desacreditar a la estructura militar y justificar el arribo de los verdugos?
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Los lectores tienen derecho a criticarme y a señalar mis errores.
 
En el caso del arquitecto Basave, lamento decirle al leyente que se regocijó de antemano, que no me equivoqué.
 
Los Basave son una dinastía dedicada a crear y promover cultura, al periodismo de buena calidad profesional y a la política. Los tres que conocí se llamaron Agustín.
 
El patriarca, arquitecto de profesión, fue director de El Norte y era apreciado por unos y temido por otros a partir de su intransigencia en el aliño del lenguaje periodístico que, lamentablemente, hace muchos años perdió ese matutino.
 
Le podría decir al deletreador –no es chunga: es sinónimo aceptado– qué libros y fuentes consultar pero, ¡que se joda! Tómese la molestia de una mínima investigación.


Más allá de la estupidez
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