Don Ervey: no la jeringue

Personas dignas de confianza me dicen que el señor Ervey Cuéllar es un hombre honrado. Es raro, muy raro, encontrar en la burocracia política mexicana a una persona decente.
 
En lo que mal llamamos política, a la mexicana, pues, la integridad, con todo y ser una cualidad justamente apreciada, si no camina tomada de la mano del oficio político, pasa a ser no más que uno de los carriles del camino que conduce al infierno.
 
El cargo que desempeña EC tiene un nombre muy raro. El hecho es que nuestro personaje es el que manda en Tránsito de Monterrey. El señor Cuéllar no es un adolescente: sabe que los mordelones se ganaron a pulso la desconfianza y la antipatía de la sociedad.
 
No digo que todo el personal de la dependencia sea corrupto: también ahí hay gente buena y sana, pero son pocos y en la práctica nada pueden hacer por limpiar la imagen del sector.
 
Así las cosas, es difícil de entender cómo es que EC craneó la idea, por llamarla de una forma, de autorizar a sus muchachitos a que apliquen criterio de suerte que, según su leal saber y entender, a la buena de Dios detengan al conductor que con razón o sin ella etiqueten como briago irresponsable.
 
Pero eso sería lo de menos: lo de más es que los patrulleros y motociclistas se llevarían al infractor –con todo y vehículo, por supuesto– a las oficinas de Tránsito.
 
Eso, en teoría. En la vida real igual lo entregan a los narcos, o ellos mismos lo secuestran; si le va bien, al borrachales lo bolsean y le roban el auto. Si le va mal no volveremos a saber de él.
 
Así son las cosas y si el señor Cuéllar lo ignora entonces no tiene nada que hacer en la Administración pública.
 
Ahora, si quiere cumplir con la tarea, pida la colaboración de los ciudadanos. Seguro que la obtiene.
 
Somos, los regiomontanos, los peores manejadores del mundo y nos encanta mezclar la gasolina con el chupe. Sí, hay que hacer algo.
 
Instale, don Ervey, retenes en puntos conflictivos: las columnas volantas sólo funcionan para cometer delitos. En los puntos de control coloque civiles, tránsitos y taxis. Al borrachote que lo lleve a su casa, en el auto, el representante de la ciudadanía, quien regresará en el taxi a su lugar de partida. El tránsito se limitará a imponer la multa, a la que se le agrega el pago al taxista.
 
Así, nadie corre peligro, al bato alcoholizado lo castigan en la parte del cuerpo que más le duele al regio: la cartera, y se retira una amenaza de las calles.
 
Si invita a los medios a la cacería el beodo sufrirá una cruda doble al difundirse su nombre y hazañas. Su proyecto, señor Cuéllar, tal y como lo plantea, equivale a licencia de caza para los malos.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Un abrazo solidario para Pepe Fernández Quiroga, amigo de muchos años. Pepe se encuentra en Praga, acompañando a su hijo quien está hospitalizado. Nuestros mejores deseos para que el muchacho se recupere.


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