Un buen soldado puede ser mal policía

El general Jaime Castañeda Bravo no renunció ni lo renunciaron: fue destituido. Lo pusieron de patitas en la calle, de manera harto vergonzosa.
 
Hasta donde tengo memoria, es la primera vez que se procede así en Nuevo León. Siempre se le daba al funcionario fallido una salida convencional para que no perdiera la figura.
 
¿Se puso enérgico nuestro joven gobernador Rodrigo Medina?
 
Es posible, pero no es probable. Como todo ser humano, RM tendrá cualidades, pero no es que sea débil de carácter: simplemente no lo tiene.
 
La consigna vino posiblemente de la propia Secretaría de la Defensa, abochornada por el lamentable papel que hizo Castañeda Bravo en la SSP.
 
Se va un entorchado y llega otro: el divisionario Javier del Real Magallanes.
 
En las circunstancias actuales, no hay nada que objetar. En otras épocas Nuevo León tuvo buenos policías profesionales. De momento, no los tiene.
 
Pero hay que trabajar en esa línea a partir de un principio irrebatible: un buen soldado puede ser un mal policía. Son oficios distintos. Está fuera de discusión:
 
La gendarmería local hace rato fue cooptada por el narco. No todos los guardias cayeron en el pantano de la corrupción:
 
Hay hombres y mujeres que honran y respetan la placa y el uniforme. Y están los muchachos de la Fuerza Civil: el comisario, Gallo, dio una agradable sorpresa el día que enfrentó, en peligrosa mezcla, a familiares de internos de Apodaca y tipos –no se les puede llamar gente– a sueldo de los cárteles.
 
Pero ahora. más que nunca, urge adiestrar como Dios manda a los aspirantes a esa ingrata, difícil y peligrosa tarea de proteger la integridad física y el patrimonio de los ciudadanos.
 
Una forma de ganar tiempo es volver a emplear el esquema ya probado: contratar a troperos, preferentemente de la Policía Militar.
 
Las fuerzas armadas son el único apoyo sólido del Estado mexicano, y las estamos exponiendo a la corrupción o a caer en el abismo de la represión.
 
El soldado, de Tierra, Aire o Mar, es un ser humano como tú, lector, o como yo: tiene problemas de toda clase, el menor de los cuales no es su magro ingreso; está expuesto a tentaciones, tiene momentos de flaqueza. En algunos países, los capos han logrado sobornar a los mandos, así como a numerosos subalternos de los servicios armados.
 
Tenemos que ser realistas y aceptar que nuestros castrenses son personas comunes y corrientes, de carne y hueso. Los educan en la disciplina, el sentido del honor, la solidaridad del compañerismo y todo eso, pero no podemos darnos el lujo de dejarlos indefinidamente en una zona de alto riesgo.
 
México está dividido, dañado, en problemas muy graves. Los hombres y mujeres bajo banderas son la institución más confiable. Que siga siendo así. No juguemos a la ruleta rusa.


Ruleta rusa
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