La imagen de México: sangre y corrupción

La percepción es más importante que la realidad. Los políticos lo saben. Por ello tiran a la calle nuestro dinero: para proyectar ante la sociedad una imagen positiva.
 
Desgraciadamente para ellos, el perfil sólo es aceptado por los ciudadanos cuando, así sea en una mínima parte, el mensaje que lo complementa se corresponde con eventos de la vida diaria.
 
Vaya nota la que publicó ayer El País. El presidente Felipe Calderón contrato hace cosa de año y medio a un especialista inglés, Simon Anholt, para que trabajara la nueva imagen de un México ideal: el Edén en la tierra.
 
¿Violencia, injusticia, impunidad, hambre, ignorancia, rezago, abusos del Estado? Por Dios, qué es eso.
 
El británico es muy profesional: más de cuarenta gobiernos han pagado sus servicios. Claro: los especialistas y técnicos más calificados también se equivocan.
 
Anholt tuvo un gran acierto: le dijo a Calderón que ni la propaganda ni la publicidad van a transformar al Estado mexicano en una suerte de arcángel dispensador de abundancia y felicidad.
 
Y cayó también en una tremenda equivocación. Son los gringos, le comentó al preciso, quienes deforman y manipulan la imagen de México.
 
Vamos primero con el gol que anota el anglo.
 
Si a Calderas ya le dijo el buenazo de SA que por más billete que reduzca a cenizas no va a cambiar ni la opinión que tenemos los mexicanos de su gobierno, ni la que lamentablemente tienen de México en el exterior, ¿para qué sigue el panista, terco en sus errores, aferrado a regalarles ni idea tengo de cuántos millones a los Azárraga y los Salinas Pliego?
 
Los seres humanos adolecemos de toda clase de defectos. A  estas alturas, ya sabemos que el michoacano es refractario a la autocrítica y detesta que le señalen sus fallas.
 
Claro: no es su dinero.
 
Y ninguna de sus personas amadas figura en las decenas y decenas de miles de muertos víctimas de la narcoguerra.
 
Los comerciales difundidos por la TV según los cuales gracias a la Federación se rescataron espacios donde los malos asentaron su poder, dejan fríos lo mismo a los chiapanecos que a los de Tamaulipas; igual de álgido al bajacaliforniano que al yucateco.
 
Aquí en Nuevo León, Rodrigo Medina se empeña en seguir la misma línea. No cabe duda: la crisis es total.
 
Decía que Anholt falla al hacer responsables a los norteamericanos de la mala fama que tenemos en el mundo. Sí, nuestros queridos socios ayudan, y bastante. Pero pienso que la responsabilidad es nuestra. Los mexicanos somos los arquitectos de nuestro propio destino. Somos un pueblo invertebrado que no ama a México.
 
Anholt nos previene: "El público (en este caso los terrícolas) no castiga a los países por tener problemas, los castiga por no resolverlos".
 
Y tampoco nos da mucha esperanza. "Quizás algún día", le dijo al corresponsal de El País en México, nos reconocerán por la calidad de nuestros productos y servicios. Por lo pronto, nanay.
 
Hasta en Mongolia saben que México se ahoga en un lago de sangre y pus. ¿No han pensado los salvadores de la patria que erraron las soluciones a tanto desmadre?


Los Invertebrados
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