Larrazabal: los jueces también comen queso

Hace cosa de dos siglos y medio, el pensador inglés Alexander Pope escribió que cuando los doctores entran en desacuerdo, los legos se confunden.
 
En su página web, Proceso difunde de manera muy categórica su versión: Fernando Larrazabal “perdió la oportunidad de ser legislador”.
 
El Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa emitió un fallo contrario a los intereses del hermano de Jonás. Pero don Héctor Pérez Pérez, juez tercero de Distrito, también en Materia Administrativa —omaigod—, dio a conocer su criterio en sentido contrario.
 
El tribunal sostiene que el buenazo de Larrazabal debe volver a desempeñarse como alcalde —estos señores no nos quieren—  en acatamiento a la gestión legal emprendida por un ciudadano decidido a darle de comer, hasta el hartazgo, quesos de Oaxaca al don.
 
Por su respetable parte, el juzgador sostuvo lo contrario: el recurso contra el oaxaqueño fue sobreseído.
 
FL acepta el arbitrio de don Héctor: claro, es lo que le conviene, y pone la mano en los quesos para hacernos saber que definitivamente no volverá al Palacio Municipal.
 
Estas contradicciones son muy sanas. Nos desorientan, pero confirman que, por primera vez en la historia de México, el Poder Judicial empieza a tratar de caminar con sus piernas, sin esperar ni atender a lo que en el anterior régimen era llamado, a manera de eufemismo, “orientación” del mandamás.
 
Acabamos de verlo en el caso Cassez: el asunto sigue vivo, como lo está el simpático problema del ingeniero oaxaqueño.
 
Entre que son peras y son manzanas, se acordó una audiencia constitucional a efectuarse el próximo 27 de abril.
 
 
 
Recordamos su breve, lamentable paso, por un escenario demasiado grande para sus limitaciones.
 
¿Vale la pena hablar con el cordero pascual? Si el PAN dejó de ser el castillo de la pureza para convertirse en la cueva de Alí Babá, qué valor le podemos dar a sus palabras.
 
Gustavo Madero —qué pena no estar a la altura del nombre— es el gran capitán de la legión de la transa. Lástima, pero así es la vida en el trópico y también en el semidesierto.
 
Larrazabal es, sin duda, un hueso duro de roer: lagartija muy peñasqueada, dispone de recursos de toda índole para dar la pelea.
 
Y lo hará: el fuero es, casi casi, asunto de vida o muerte para él. Es bueno que por lo menos un segmento de la sociedad comience también a luchar para meter en cintura a la clase política.
 
Los políticos de hoy no son como los de antes, pero lo mismo se aplica, ahora en sentido positivo, a la gente de a pie. Cada día nos molesta más ser números: ya empezamos a caminar por el sendero que nos llevará a ser ciudadanos.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Uno siente orgullo de pertenecer a la raza humana. Roberto Rodríguez Garza, civil, varios policías, bomberos y rescatistas salvaron la vida a una mujer que, angustiada, pretendía suicidarse. Eso tiene muchos nombres: humanismo, solidaridad, conciencia social. Se lo dejo en nobleza de alma. Es nuestra gente en su mejor momento. Con personas así se esfuma la duda: vamos a ganar.


Tener fuero o no ser
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