Ratzinger quiere su Cuba libre

Santiago es el alma y corazón de Cuba. La Habana es el cerebro, pero la ciudad oriental es la región bravía y rebelde.
 
En Santiago comenzó Fidel Castro la Revolución que en sus buenos tiempos cambió la historia del mundo y colocó a Cuba en el espacio de las naciones que saben defender su dignidad. Todo eso pasó hace varias décadas.
 
Al recibir al Papa alemán, Raúl Castro —heredero, al estilo de las monarquías, de la Presidencia de la República: curioso socialismo— se apoyó en un entrañable autor: el cubano Cintio Vitier, pensador cristiano, poeta y ensayista.
 
“La nación”, leyó Raúl la frase del maestro Vitier, “no tiene otra alternativa: o es independiente o deja de ser en absoluto”. Una variante del viejo grito de guerra que en su momento nos emocionó. “Patria o muerte, venceremos”.
 
El hermano de Fidel soltó la andanada de rigor contra el imperialismo yanqui. Y sí, tiene razón: el imperio existe y nos agrede a todos, pero llevan 53 años de gritar “al lobo” y la neta es que el hermoso animal desde hace años sustituye al pastor, quien se murió de viejo, y ahora, perdidos los colmillos y la agilidad, hace lo que puede por mantener unido al rebaño.
 
No sé si los cubanos radicados en Miami llegaron a tiempo para ver desembarcar al Obispo de Roma. En todo caso, el discurso del Pontífice puso en claro que el Vaticano le apuesta a un mañana sin socialismo.
 
“No se puede seguir por más tiempo en la misma dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que tantos experimentan”, dijo el señor Ratzinger. Cuba, agregó, “está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes”. Y todavía le da una vuelta a la tuerca al exaltar “las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, donde quiera que se encuentren”.
 
El jefe del Estado vaticano y el Presidente de Cuba estuvieron en lo suyo. El doctor Ratzinger, escribió en El País Mauricio Vicent, viajó a la Gran Antilla para “consolidar el papel de la jerarquía católica como actor político”, y Raúl, bueno, Raúl hace lo que puede.
 
El que de plano perdió la figura fue el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana. Hace cuatro días el purpurado declaró al diario oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, que en Cuba no hay presos políticos ni carestía o escasez de alimentos. Eso no se atreven a decirlo ni los hermanos Castro Ruz.
 
La agencia informativa española EFE entrevistó a varios santiagueros quienes, al igual que nuestra gente de Guanajuato, estuvieron horas y horas bajo el sol en espera del viajero con la tiara de San Pedro. Algunos de los encuestados no estaban ahí por gusto; ni católicos son. Ah, el acarreo: fórmula mágica para llenar espacios y confirmar el control orweliano que ejerce la burocracia.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: El sábado tomé de Proceso una nota según la cual el vocero papal desmintió al presidente Felipe Calderón: el líder de la Iglesia católica no recibió en Guanajuato a familiares de víctimas del crimen organizado. El sacerdote Lombardi habría dicho que después de la entrevista con Calderón, el Papa saludó a un numeroso grupo de personas, entre quienes se encontraban deudos de mexicanos sacrificados por los sicarios. Ayer, Proceso mantenía el texto en su página web.


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