El "compló" de Televisa

Andrés Manuel lo sabe: en principio, hace un mal negocio el político que se pelea con un medio o con un periodista de cierta relevancia.
 
Esto no significa que el profesional de la política deba ofrecer la otra mejilla cuando un colega le asesta un golpe prohibido. La comidilla del día es el encuentro sin límite de tiempo entre el tabasqueño y Joaquín López Dóriga.
 
No veo perdedores, y eso es una buena señal.
 
El candidato presidencial abrió el fuego con artillería pesada, pero terminó la confrontación del día con lenguaje de caballero.
 
El pex es un ataque de JLD contra AMLO porque éste se negó a participar en un debate que sería transmitido por Televisa en 2006.
 
López Obrador dice que se negó a asistir porque lo enteraron de que había un “compló” para desacreditarlo.
 
Es posible que así sean las cosas.
 
El universo mediático es el reflejo fiel de la sociedad: México es un país de analfabetos autocomplacientes educados, por así decirlo, en la cultura de la transa y la corrupción.
 
Tenemos una Prensa escrita y electrónica que se ajusta a estas normas. Geográficamente, somos parte de América del Norte, pero en lo cultural nos identificamos más con las naciones atrasadas de África.
 
En el sexenio de López Portillo, de quien era pariente lejano, López Dóriga ocupó una posición importante en la TV del Estado.
 
Margarita, el otro orgullo del nepotismo de JoLoPo, era la jefa de Joaquín. De algo lo acusaron, algo feo. López Dóriga se limitó a preguntar a cuánto ascendía el supuesto desvío de recursos:
 
25 millones, le respondieron.
 
Como quien compra una bolsa de sabritas, JLP sacó la chequera y firmó un papel por esa cantidad. Eran 25 melones de aquellos tiempos.
 
Sí: hay mucha mugre entre la gente de mi oficio. Pero las cochinadas de los reporteros y demás gente de a pie son travesuras de la Madre Teresa en comparación con las prevaricaciones de la mayor parte de los editores y concesionarios.
 
Claro que la Ley Televisa fue, como dice López Obrador “…moneda de cambio para que las televisoras monopolizaran las telecomunicaciones”.
 
Y ese monopolio estaba comprometido a promover una campaña negra contra Andrés Manuel.
 
Conocemos a los televisos y los aztecas y, la neta, entre los dos, pero sobre todo el chico Azcárraga, están destruyendo a México con ese cínico proyecto de mercadotecnia que consiste en unir esfuerzos para llevar a Peña Nieto a la Presidencia de la República.
 
Es un programa inteligente y audaz, pero con una falla irreparable: el producto que están vendiendo viene con defecto de fábrica.
 
Por lo pronto, me parece que en este episodio AMLO logró consolidar su nueva imagen.
 
La frase que más me gustó es esta: “No tengo enemigos ni quiero tenerlos, si acaso, tengo adversarios y a ellos también los respeto porque prefiero convencerlos, persuadirlos de que ya llegó el momento de cambiar en serio para salvar a nuestro país”.
 
Y sin caer en lo cursi, le tiende la mano a López Dóriga: “No odio, quiero justicia, no venganza”.
 
Como dicen los angloparlantes: Not bad, not bad at all.


Encara AMLO a López Dóriga y sale bien librado
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