Rodrigo: nuestro Fox

Definitivamente, nuestro juvenil gobernador está negado al oficio político.
 
La declaración que hizo el martes uno, en el sentido de que su gobierno no le da prioridad a la “famosa” seguridad nos dejó con los ojos cuadrados.
 
Claro, ni él ni los suyos corren peligro alguno, ni se lo deseamos. Pero la narcoviolencia rebasó la frontera de clases y hoy en día los ricos, los escasos clasemedieros que más o menos sobrevivimos y las legiones de la prole corremos, por igual, los mismos riesgos.
 
Peor aún: la gente de billete gordo está más expuesta que nosotros.
 
Es difícil entender los procesos mentales del joven Rodrigo. ¿De qué me sirve ganar mil euros al día si salir al minisúper de la esquina es hazaña de guerra? ¿Alcanzo a llegar y a volver a mi depa, o quedo en el camino hecho un cedazo?
 
Y ni siquiera estoy seguro en mi pisito: cualquier malandro de quince años rompe la puerta y me deja tieso a balazos.
 
Nuevo León es tierra de nadie.
 
El jefe de la Administración pública es abogado, pero al parecer ignora que el primer deber del Estado —de hecho, el motivo de su creación— consiste en proteger al ciudadano y sentar las condiciones para ayudarlo a preservar su patrimonio.
 
En fin. La buena noticia es que dentro de pocos meses otro hombre manejará los asuntos de Nuevo León. Medina no tiene por qué dejar su oficina: ni cuenta se dará que le quitaron los pocos gramos de poder que aún conserva.
 
La mala noticia es que en un descuido el nuevo tlatoani salga peor que el actual.
 
Ya que andamos por estos rumbos, llama la atención un comentario —lo publicó El Norte— del jefe de la policía estatal, general Javier del Real.
 
La versión del diario es que Del Real dijo que no le gusta ser criticado, agregó que no le agrada Monterrey y habría rematado con algo así como que no está en Nuevo León por su libre y espontánea voluntad: vino aquí porque se lo ordenaron.
 
Interesante: Medina de la Cruz no tiene autoridad para imponer sus instrucciones a un general, aunque esté retirado del servicio. Se supone que el gober habría invitado a Del Real a ocupar ese puesto.
 
Al parecer, no fueron así las cosas.
 
Entonces, ¿quién le ordenó al general hacerse cargo de la SSP? Y, lo más inquietante: ¿perdió el Ejecutivo de la entidad la facultad de designar al titular de Seguridad Pública?
 
¿Conservan los colegas del joven Rodrigo ese tramo de autoridad o también la perdieron?


Nuevo León, tierra de nadie
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