El debate y el juego

Un debate no es lo mismo que un discurso. Los participantes tendrán, sin duda, ganas de hacerle al orador sagrado, pero difícilmente podrán hacerlo: tienen muy medido el tiempo.
 
Claro: estamos hasta la madre de tanto cacareo. Pero esto es otra cosa.
 
Lo que se procura mañana es una confrontación o careo entre los aspirantes. Evaluarlos a partir de las respuestas que ofrecerán a las preguntas que hoy serán dadas a conocer. Ojo: no se vale llevar acordeones.
 
Lo que se califica es la capacidad de reacción, agilidad mental, conocimiento de los problemas y los ensayos de solución que nos van a proponer.
 
Se toman en cuenta la claridad y brevedad de expresión, y si hay algo de elegancia, mejor; el control sobre los nervios, el dominio escénico —claro: la política es hermana gemela del teatro; no lo digo en forma peyorativa—; la política es, también, asunto de actos reflejos, intuición, sensibilidad, colmillo, rapidez para encontrar la frase adecuada, la respuesta correcta.
 
Y hacerlo todo con calma y sonrisa de oreja a oreja. Perder la figura es fatal.
 
Según Ricardito Salinas Pliego, a los mexicanos no les interesa la comparación de ideas, programas, carisma et al entre los candidatos.
 
El bato que envió un comando armado y encapuchado a tomar por asalto la antena del canal que apenas si le iba a hacer competencia dice, con toda la autoridad moral que posee, que apenas al 15 por ciento de los mexicas les importa ver la polémica, en tanto que al 54 por ciento lo que les interesa es el juego.
 
Pero qué tanto caso le podemos hacer si esta encuesta la hizo a la medida el tío de marras, quien en este caso es juez y parte.
 
Tal vez, para variar, está diciendo la verdad: cosas más raras han pasado.
 
Pero al verdugo de ese actor y hombre ejemplar que es Rogelio Guerra le atañe defender sus intereses. Claro que al PRI tampoco le entusiasma la posibilidad de que Peña Nieto quede una vez más en ridículo: coinciden los apetitos de poder del tricolor, Televisa y TV Azteca.
 
No podía ser de otra manera.
 
Nuestra democracia es como una mujer joven y más o menos guapetona, generosa pero muy pobre: quisiera ofrecernos caviar y langosta, pero lo único que nos puede dar es un par de tortillas duras y frías. Es lo que tiene: debemos aceptarlo.
 
Nadie nos dijo que el camino sería fácil.
 
Un paso importante será privilegiar el debate sobre el juego de fut. México es mucha nación para que lo gobiernen mercaderes sin patria ni dios.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Ya la hicimos. Felipe Calderón condena la matanza de periodistas. Los sicarios han de estar muertos de miedo.


Tortillas duras
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