Otra matanza; Medina, en paz

Era previsible la reacción del gobierno del estado: a las 49 personas asesinadas y mutiladas no las mataron en Nuevo León: aquí no más arrojaron los restos humanos.
 
Por lo demás, según los voceros oficiales y oficiosos, todo indica que la matanza respondió a un ajuste de cuentas entre los zetas y otro cártel.
 
No fueron victimados civiles inocentes, aseguran. Luego, no hay motivo de preocupación.
 
Nuestras sagaces autoridades plantean la segunda hipótesis —tampoco descartan del todo que se trate de una masacre de migrantes, pero esta posibilidad la manejan como por no dejar la cosa— a partir del hecho de que algunos torsos tenían tatuajes.
 
Los sicarios cortaron a los 43 hombres y seis mujeres las cabezas, las manos y los pies.
 
Ah, pero uno que otro despojo estaba tatuado.
 
Sí, es cierto: los narcohampones son famosos por hacerse imprimir en la piel figuras o leyendas. Pero no nada más ellos: a muchos soldados y marinos, púgiles y boxeadores, estibadores y gente de otros oficios les encanta acudir con el artista de la aguja y la tinta.
 
Lo que el gobernador y sus epígonos buscan con desesperación es eludir la responsabilidad. Ya lo dijo Rodrigo Medina: está harto de que lo molesten con la crisis de la “famosa” seguridad.
 
Vamos a suponer que, efectivamente, mataron y desmembraron a estos seres humanos en Tamaulipas o en la Cochinchina. Dicen que muchos fueron ultimados hace dos o tres días.
 
Y qué: el hecho es que los asesinos arrojaron los cuerpos mutilados en Nuevo León, y no en despoblado, sino en una carretera bastante transitada y a muy corta distancia del asentamiento de San Juan y no lejos de Cadereyta.
 
¿Escogieron los pistoleros este lugar porque se sabían o se creían impunes?
 
Es tentadora la política del avestruz, pero no resulta productiva.
 
El problema está aquí.
 
Si la administración medinista no puede o no quiere hacer nada eso ya es harina de otro costal.
 
El hecho irrefutable es que Nuevo León —al igual que casi todo México— es tierra dominada por el narco.
 
Chomsky recién avaló lo que los mexicanos sabemos desde hace años: a la élite del poder no le interesa reprimir a las redes del narcotráfico.
 
La droga no nada más es un negocio de miles de millones de dólares: también es fuente de poderío.
 
Escucho en radio y TV un curioso anuncio: “¿Qué haríamos sin futbol?”
 
Se me ocurren tantas respuestas: podríamos, tal vez, pensar y procurar informarnos.
 
Todavía podemos liberarnos: no subir al patíbulo y, sobre todo, negarnos a colocar la soga en nuestro propio cuello.


Escurrir el bulto
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