'Comunicadores', de la greña

Antes, al estallar un escándalo, en la investigación de un acto ilícito o en una de esas conmociones que dejan temblando a un país, a una sociedad o de perdis a un grupo grillesco, se decía:
 
“Buscad a la mujer”.
 
Ahora lo que se plantea es identificar a la fuente de poder. La guerra entre Enrique y Enriqueta —Laviada, titular de Comunicación Social del gobierno (de alguna forma hay que llamarlo) de Rodrigo Medina, y Pérez, en teoría su subordinada y en la vida real la que maneja la marmaja— tiene sus momentos cómicos.
 
En un principio pensamos que era llanamente una incompatibilidad de temperamentos. Ahora nos damos cuenta que ambos riñen por una cuestión de principios: principios económicos.
 
Nos dicen que, al parecer, andan bailando entre diez y quince millones de pesos: no digo, Dios me libre, que los fajos de papel adquisitivo hayan sido desviados hacia una cartera o un bolso de mano.
 
Pero en Radio Pasillo de Palacio se insiste que por más que Juan y Pedro hacen cuentas, no se aclara a dónde fue a dar la pasta. Enrique despidió hace días a Enriqueta.
 
La dama lo mandó no a freír espárragos —están muy caros— pero sí a ver si puso huevos la marrana. “Tú no eres mi jefe. Mi jefe es Francisco Valenzuela”, díjole que le dijo Enriqueta a Enrique.
 
Francisco Valenzuela es, en el organigrama, subsecretario de la Tesorería. Pero en este duro y cruel mundo es el zar de esa tan especial dependencia.
 
FV, juran y perjuran algunos grillos enamorados de la cantera, era el patrón inmediato de Othón Ruiz Montemayor. Y para hacer sentir su poder, bloqueaba los pagos que autorizaba el ahora candidato tricolor a la Alcaldía del municipio más rico de México.
 
Días después del show que ofrecieron Enrique y Enriqueta, Valenzuela mandó llamar a Laviada: lo hizo esperar media hora sólo para regañarlo a un volumen de siete millones de decibeles: los siberianos se quejaron de tanto ruido.
 
Don Francisco, naturalmente, es hombre de las confianzas de don Humberto, papá del joven Rodrigo.
 
Por lo pronto, Enriqueta devolvió el auto oficial, las llaves de la oficina, la cajita de toallas de papel y la botella de agua para refugiarse en un extraño edificio que tiene el gobierno en Isaac Garza y Zaragoza.
 
Pero hasta allá la siguió la duda cartesiana: buscad la plata, es la nueva consigna.
 
En un principio el astracán parecía divertido, pero en realidad es parte de una tragedia griega.
 
Al joven Rodrigo no lo pelan ni sus colaboradores. Supongo que menos caso le harán los generales y almirantes.
 
¿Se irán Laviada y Pérez? El destino de Enriqueta no interesa: lo que provoca urticaria es que Laviada ha sido el cuarto titular de Comunicación Social en menos de tres años.
 
Rodrigo, Rodrigo, hazme caso: tanto desmadre te hace daño y, lo que es peor, nos afecta a todos los nuevoleoneses.


Enrique vs. Enriqueta
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