Un médico que ensucia al IMSS

El Instituto Mexicano del Seguro Social es una de las instituciones más nobles que fundó el Estado mexicano, en aquellos años cuando se hacía política de Estado y no de sexenio.
 
La población de México creció gracias al IMSS: ¿qué hacía, antes, la gente pobre cuando se enfermaba? Se tiraban en el petate y esperaban a que llegara la muerte. ¿De dónde iban a tener dinero para consulta, medicinas, análisis, hospitalización e intervención quirúrgica?
 
Le debemos muchas cosas al Seguro Social. Por ello, es indignante que empleados desleales empañen su imagen.
 
El viernes uno de este mes, un mal médico de nombre Octavio Fernández, en el turno matutino de la Clínica Ocho de la Ciudad de México, pretendió humillar a mi esposa, la señora Myrna Leticia Villarreal Molina de del Río.
 
Mi señora tiene un problema en los pies y tobillos. El Quisque le había pedido que fuera a consulta vestida con falda. Una vez allí le pidió que se alzara la prenda hasta arriba de los muslos y le hermoseó las piernas.
 
Esto, en presencia de la enfermera, quien se hizo eco de las groserías de Fernández. Que sea lesbiana es lo de menos: lo de más, que debe respetar su centro de trabajo.
 
El tal Fernández, indigno de llamarse médico, no le vio los pies a mi esposa ni leyó sus antecedentes médicos. Simplemente le dijo que eso era todo y que se largara con buen viento.
 
Mi esposa es una dama muy bien educada, pero eso no significa que se deje humillar. Puso al mal funcionario en su lugar y fue a quejarse con el subdirector de la clínica: no se pudo. El hombre no estaba.
 
Yo estoy a mil kilómetros de distancia y aquejado con problemas de salud que me tienen prácticamente inmovilizado. De no ser así ya hubiera ido a esa clínica.
 
Mi esposa y yo discutimos por fono y emilio si es ético aprovechar un espacio editorial para ventilar lo que en principio parecería ser un problema personal. Llegamos a la conclusión de que no son así las cosas.
 
Este es un comportamiento grosero e indebido de un servidor público hacia una dama que en ningún momento le faltó el respeto.
 
Pensamos, también, que si así se portó con mi esposa, se comportará todavía de manera más agresiva con los derechohabientes de origen humilde.
 
Ergo: no es un asunto familiar, sino una falla en un sistema creado para procurar la salud y el bienestar de los mexicanos. Es injusto que el IMSS cargue con la culpa de un empleado ineficaz y prepotente.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: El puente de El Realito quedó dañado desde los tiempos del “Alex”. La leyenda urbana dice que los capos prohibieron la reparación.


La prepotencia con bata
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