Voto de desempleados

Llegó jadeante: una carrera de cuarenta o cincuenta metros acabó con sus resistencias orgánicas. Pero logró su objetivo: fue el primero en presentarse conmigo.
 
No es larga la lista de los servicios que me ofreció: albañil, lavacoches, mandadero. “Lo que sea, lo que tú digas”. Me di cuenta que el castellano no es su lengua materna. El tuteo no era confianza sin fundamento sino desconocimiento del idioma.
 
Docena y media de hombres se agolparon a nuestro alrededor. No sé de dónde sacaron la idea que soy contratista. Los desengañé y ofrecí comprarles sodas y frituras si me contestaban unas preguntas. Casi todos me vieron con desconfianza. Cinco o seis tomaron las botellas y botanas y se fueron.
 
A los que se quedaron les pregunté por quién van a votar. Reaccionaron como si les hubiera hablado en arameo. Intercambiaron miradas, bajaron la vida.
 
El único adulto mayor casi gritó.
 
“Por naide. Todos son igual de ratas”, y soltó el malestar que tenía de larga data enredado en el alma: “Yo nunca he votado ni votaré. Pá qué. Además, todito lo tienen tamaleado”. Finalmente admitió que por un refresco de dos litros y cincuenta pesos le había dado su credencial de elector al cacique del barrio.
 
Los otros eran cronológicamente jóvenes: calculo que no llegaban a los veinte. Pero estaban tan amargados y desilusionados como el anciano.
 
Uno contestó que no sabía por quién votar. Otro dijo que por Peña nieto: “Dijeron que me van a dar una casa con refrigerador, televisión y micronda (sic)”.
 
Los demás me dieron el mismo mensaje, con algunas variantes: este se creyó que le darán chamba en la obra; a otro más le regalaron una camiseta y una cachucha; al de más allá le prometieron empleo de chofer.
 
Le pregunté si sabe leer: “No, pero no le hace, ellos tienen palanca”.
 
Y uno, sin disimular el orgullo, anunció: “A mí me van a meter en la policía”. Quise saber si simpatizan con López Obrador o Josefina.
 
Sí, han oído hablar un poco del tabasqueño, pero no les ha regalado nada. Haga de cuenta que no existe. ¿Y Josefina? “Una pinche vieja”, coincidieron. “¿pa' qué sirven las viejas?”
 
El sol comenzó a abrasarnos y cada quien se fue por su lado. El sol redondo y colorado: la única verdad.


Los comicios del hambre
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