¿A eso le llaman debate?

El mal llamado debate no aportó nada nuevo. Si acaso, confirmó que ninguno de los candidatos tiene la más remota noción de lo que es la política exterior. En estos tiempos, esa es una grave deficiencia. Dios nos guarde: es lo que hay.
 
¿Fue decepcionante la granizada de palabras? No: conocemos a los cuatro y sabemos que entre todos no pesan ni un gramo de auténtico hombre de Estado.
 
En estas condiciones resulta pueril eso de jugar a adivinar quién ganó el intercambio de chismes baratos y descalificaciones vulgares.
 
El cuarteto tiene muchas cosas en común: no son polemistas ni oradores. Malgastaron el tiempo en repetir lo que han estado diciendo en las campañas.
 
Fue un ejercicio de masoquismo desperdiciar dos horas y media en escuchar la repetición hasta el cansancio del mismo catálogo de buenas intenciones y la nómina de promesas que, sabemos de sobra, no van a cumplir.
 
Doña Jose le dio champú de cariño al presidente Calderón, reafirmó su voluntad de llevar adelante la política de militarización de México; pretendió, con razonamientos demasiado débiles, descartar al trío de varones machistas y, para variar, se concentró en el género: voten por mí porque soy mujer.
 
Hasta ahí llega.
 
Peña Nieto estuvo mucho mejor que en la primera discusión. Lo que es, es. Su discurso estuvo bien hilvanado. Tampoco es Demóstenes, pero por lo menos probó que sabe decir doscientas o trescientas palabras sin teleprompter, texto escrito o acordeones.
 
Y su referencia al campo es atinada: antes que cualquier otra cosa necesitamos volver a producir alimentos.
 
Quadri, bueno. Es verdaderamente irónico que el hombre de paja de Elba Esther hable de revolución educativa. El buenazo de Gabriel quiere un tratado de libre comercio con China. Los chinos nos comerían vivos, crudos y sin sal.
 
A menos, claro está, que el catedrático improvisado en aspirante presidencial tenga la idea de venderles arroz.
 
El Peje aburrió tanto como los otros, pero administró con eficacia dos temas en los que lleva ventaja: ha recorrido todo México para arriba y para abajo: vamos, si lleva seis años en campaña.
 
Y nos ofrece un gabinete de lujo.
 
Por lo demás, los cuatro tenían que coincidir en lamentar la pobreza y comprometerse a convertir a México en el paraíso terrenal.
 
Doña Jose no se midió al asegurarnos que gracias a ella nueve millones de mexicanos salieron de la pobreza extrema. Pero, en fin: fantasías de políticos de cortos alcances.
 
Por si fuera poco, el formato fue de locos: zutanito tiene un minuto 28 segundos para hablar. Cierto: la alocución mala, si es breve, resulta menos mala.
 
El IFE debe idear otra forma de hacernos perder las horas, los minutos y los segundos.


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Cómo perder las horas, los minutos y los segundos
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