Naufraga la Armada

La credibilidad de la Armada naufragó en el océano del surrealismo mexicano.
 
Y es que, salvo contadísimas excepciones, ni aquí ni en China funciona el amasiato de la política con el estamento militar.
 
Menos todavía en época electoral, y cuando México es gobernado por un equipo mediocre, para documentar nuestro optimismo.
 
El incidente obliga a una serie de reflexiones. Circula la versión de que, antes de la presentación ante los medios del presunto hijo del Chapo, la DEA puso en claro que el detenido se llama en realidad Félix Beltrán Ríos y no forma parte de la nutrida descendencia del capo sinaloense.
 
El verdadero chapito se llama Jesús Alfredo Guzmán Salazar y, suponemos, se está riendo de la Semar-Armada al tiempo que se regala sus buenos lingotazos de aguas escocesas en envidiable compañía de guapas morritas.
 
Nosotros también quisiéramos reír, pero cómo festejar esto que, si no es tragedia, por lo menos llena los requisitos del drama.
 
Todo indica que la omnipresente y todopoderosa DEA puso en acción a los fusileros navales. ¿Les giró la orden o sólo les dio el pitazo?
 
Si es verdad que la antinarcóticos gringa previno a los almirantes que la nave capitana estaba surcando aguas minadas, hasta el Preciso tendrá que aceptar la triste verdad: vamos a perder la guerra si no se hacen cambios de hombres, tácticas, estrategia y política de comunicación social.
 
Y sobre todo, si no se desvincula la política electoral de la confrontación de armas.
 
Salvo que los medios norteamericanos nos informen, jamás sabremos lo que pasó: los marinos alegarán que por razones de seguridad nacional no pueden desvelar el misterio.
 
Washington ha capitalizado la fractura entre la Marina y el Ejército, y ha estado favoreciendo abiertamente a la primera.
 
Quizás los capitanes de la mar se la creyeron y le hicieron un desdén a la DEA, que pronto tomó venganza.
 
O esta agencia cayó en una trampa a la que arrastró ahora sí que a toda la Flota.
 
La comunidad gringa de espionaje se dedica más a la grilla que a hacer su nada limpia faena.
 
Y así como en México los verdes y los de azul marino están enemistados entre sí, de la misma manera en Washington los 007 se ponen emboscadas los unos a los otros.
 
El problema es que la credibilidad es como la virginidad: se pierde y ya no hay forma de recuperarla.
 
Y los capos de capos ganarán mucho terreno si perdemos la confianza en uno de los cuerpos armados que participa en la guerra contra el más infame de los tráficos.
 
Porque ahora, ¿cómo creerle a la Semar cuando, en un patético esfuerzo por justificar su Trafalgar alegan que, como sea, Beltrán León y su medio hermano Kevin Daniel Beltrán Ríos son narcos?
 
De poco peso, de baja estatura, narquillos, pues, pero agentes del crimen organizado al fin y al cabo.
 
¿El dinero, las armas? Tenemos derecho a sospechar que los infantes de Marina las sembraron. Allanaron un domicilio particular, se robaron dinero y muchas cosas y le mintieron a México y al mundo.
 
Cereza del pastel: vaya coincidencia, la PGR anuncia que está investigando a otros cinco generales. Por esta vez, Vicente Fox tiene razón: “Hay (en México) un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos”, declaró a El País.


Tags: Semar  narcoguerra  Chapo Guzmán  DEA  
Ya tampoco a los marinos se les puede creer
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