A cuidar la Sierra Madre

Tendremos que reconocer el triunfo electoral de Juan o de Pedro.
 
Es lo que espera la sociedad: una respuesta de madurez por parte de los aspirantes derrotados.
 
Aceptemos que por lo menos en ese terreno llevamos años en el aliño y la seriedad. Y veamos a las personas y las cosas como son: el Presidente de la República que entrará en funciones el uno de diciembre, no destruirá a México ni lo salvará. Lo mismo es válido para Monterrey.
 
De Garza García no comentamos nada porque los sampetrinos son diferentes al resto de los nuevoleoneses, los mexicanos y los habitantes todos del planeta.
 
México va a sobrevivir a sus crisis: México es más grande que sus problemas, dijo Miguel de la Madrid en una de las contadísimas frases felices que tuvo.
 
Siempre hemos estado en la tormenta: pronunciamientos, guerras civiles e intervenciones extranjeras, pérdida de más de la mitad del territorio, golpes de Estado y todo eso, sin hablar de devaluaciones, saqueo descarado desde el Fobaproa hasta las cajas de clips.
 
Y aquí seguimos, bastante golpeados, pero todavía en pie. En el peor de los casos, viviremos otro sexenio negro: eso que eufemísticamente llaman austeridad para no admitir que es simple y llanamente miseria, cancelará las esperanzas de millones de mexicanos.
 
Pero me pongo en plan de profesional del pesimismo. El gobierno que pronto entrará en funciones está obligado a dictar una o dos disposiciones, más cosméticas que reales, destinadas a aliviar un poco la pesada carga que llevamos. Pero eso es lo que habrá y peor es nada.
 
Tampoco podemos esperar que el flamante jefe de Estado sea una especie de Moisés III, esto es, del tercer milenio y del Tercer Mundo, y que con su varita mágica de un golpe haga desaparecer esta cordillera de contradicciones y conflictos que está a nuestro paso.
 
¿Acabar con la corrupción, así como así? Sería lo ideal. Pero, ¿cuál es la solución?
 
Eso no lo dicen porque salir del fango de la pudrición social y moral es posible, sí, pero no es tarea que se pueda cumplir en seis años.
 
El Sistema nos dio una probadita de un delicioso fruto que no conocíamos: la democracia. Estamos a una distancia estelar de llegar a la Tierra Prometida, pero ya empezamos el largo camino.
 
Ahora estamos en el desierto y los ríos de leche y miel son un simple alucine.
 
Después de 200 años de liberarnos de la Corona española, descubrimos que independencia no es lo mismo que libertad ni, mucho menos, prosperidad.
 
Pero estamos aprendiendo, poco a poco.
 
La patética clase política que padecemos se ha encargado de enseñarnos a desconfiar de los salvadores de la Patria. Ahora sabemos que los políticos de derecha, centro e izquierda mienten, incumplen sus promesas y si pueden se robarán la Sierra Madre, tanto la Oriental como la Occidental.
 
De nosotros depende que no lo hagan.
 
Llegarán los años de los candidatos independientes y quizás los mordelones perderán los colmillos. Quién sabe si veremos trabajar a diputados y senadores.
 
Por lo pronto, un reconocimiento a Margarita Arellanes y Felipe Enríquez: han mostrado más solidez humana y profesional —entendemos la política como una profesión— que los cuatro grandes juntos.
 
En Monterrey no estamos hablando de fraude en comicios que aún no se efectúan ni nos ha dado por la violencia: de eso ya tenemos más que suficiente.
 
La consulta del uno de julio pondrá a prueba hasta qué punto queremos realmente dejar de ser estadística para convertirnos en ciudadanos.


Quedan años luz de camino por delante
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