Domingo en la Alameda

Domingo en la Alameda. Con la fresca de las diez la gente se acerca a la casilla.
 
No es una fiesta cívica, pero tampoco un funeral. Mis vecinos cumplen, sin entusiasmo, pero cumplen. La oferta electoral no está para bailar en la pared, como Donald O´Connor en “Cantando bajo la lluvia”, pero es lo que hay.
 
El voto es derecho y deber, lo entiende la tía Chofi a quien cantó Sabines.
 
Hermosa, digna matrona: se acerca a la casilla, pregunta algo, se retira y al momento regresa con cuatro, cinco bellas damas de su edad. Un chamaco larguirucho les cede el lugar y lo premian con esas adorables sonrisas que confirman la sabiduría de los antiguos: las mujeres no tienen edad, decían.
 
Llegan familias, parejas, chavitas, personas mayores. Toda la diversidad de los mil rostros de México se concentra en unos pocos metros cuadrados: los norteños enormes, ventrudos de cerveza, carne asada y tortillas de harina; la gente del centro, de cuerpo breve, voz de acento tímido y mirada que anuncia la determinación.
 
Pasan, dialogando en un idioma indígena, un anciano y dos hombres jóvenes. Se forman en fila y sonríen, como todos, ante la distracción de una chica de piernas largas que se estaba llevando el crayón.
 
La casilla parece precaria, pero es tan sólida como la decisión colectiva de ejercer el sufragio: una lona a un lado del quiosco.
 
Como sea, si llueve va a ser una joda.
 
Y sí, el cielo está encapotado. Ya veremos.
 
Llegan la música, los bailes: una tropilla de juveniles artistas callejeros con cartelones de la CEE que invitan al voto. Zancos, tambores, clarinetes, juegos de malabaristas. Una güerquita ensaya pasos de baile que evocan a la legendaria Scherezada: los chavitos se derriten y uno entre que piensa y sueña con nostalgia: "¡Quién tuviera sesenta años!"
 
Más adelante, nos ofrecen casas baratas y bien construidas en fraccionamientos con templos, supermercados y escuelas.
 
La vida sigue: hombre y mujer tomados de la mano, adultos mayores quienes luego de depositar boletas en las ánforas buscan donde sentarse.
 
La Luna le habrá ordenado al Sol que vaya a ver si puso huevos la marrana.
 
Buen día, de aires frescos y limpios. Este no es el Domingo en la Alameda que nos dejó Diego: la nuestra es jornada de civismo. Mañana… Bah, mañana será mañana.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Un abrazo para el buen amigo Jesús Arias. Don Jesús grande se adelantó a cruzar el río.

Tags: votación  Alameda  
Decisión colectiva
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