Quesos podridos

En ocasiones como ésta siento, muy fuerte, la tentación de darle la razón al Peje.
 
¿Cómo entender a los miles de regiomontanos que el día uno le dieron el voto a Larrazabal?
 
Al oaxaqueño lo conocemos de sobra: corrupto al extremo de recibir dinero de los casineros; habrá que ver hasta qué punto es culpable, en su envilecimiento, de la tragedia del Royale.
 
Todos conocemos las pruebas que se presentaron de que su ahijado político Miguel Ángel García —recién reinstalado en la Comuna: ¿lo sostendrá ahí Arellanes?— y el hermano Jonás vendían quesos a domicilio e iban indistintamente a las oficinas del alcalde/ex alcalde/diputado/promotor de antojos y alimentos de Oaxaca o a los desplumaderos a cobrar los lácteos más caros del mundo.
 
Larrazabal dejó a Monterrey convertido en la capital de Haití el día del macrosismo: para qué hacer la lista de las deficiencias que nos tienen al nivel de un aduar africano. Y con todo y ello, las buenas conciencias sufragaron por el constructor de ese megadesastre que es la biblioteca Vasconcelos.
 
Bueno, el don ni siquiera escribe correctamente su apellido.
 
Y por lo que toca a sus votantes, deben estar enfermos de masoquismo químicamente puro, dicho sea con todo respeto.
 
Ayer no tuvimos alcalde; hoy, la Presidencia Municipal también amaneció descabezada.
 
No tenemos por qué aceptar un desmadre de este tamaño en el que vivimos sólo porque poderes que por lo menos este redactor no identifica protegen al dicho menestral.
 
En un país serio FL tendría rato de estar tras las rejas. Pero claro, en nuestra alegre y tropical Republiquita, en un descuido el buenazo de Larry irá a ocupar su curul y dentro de tres años maniobrará para ir a despachar no sé si a Palacio o al búnker de Morones Prieto.
 
Señora de los Siete Puñales: una quesería por aquí, los Soriana por allá y, doquier, quisques en el reparto de despensas.
 
De plano, somos menos, mucho menos que un pueblo: enormes, patéticos ejércitos de millones de muertos de hambre; más lumpen que proletarios, digan lo que digan la hija de Peña Nieto y su novio.
 
“Pero, ¿habrá todavía alguien tan estúpido que crea en la justicia?”, escribió el historiador y periodista inglés Paul Johnson.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Claro que no obedece a causas políticas el atropello perpetrado contra la periodista Sanjuana y sus hijos.
 
Eso fue, simplemente, abuso y venganza de la juez Luz María Guerrero.
 
Ya había mala sangre entre la colega y la dama que dio brillo a la justicia en Nuevo León. Si era conocida la mala vibra, ¿cómo es que le confían el caso a Guerrero?


Mucho menos que un pueblo
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