Puro matar y matar no soluciona nada

Los Ejércitos de Aire, Mar y Tierra no pueden ganar la guerra si han perdido la confianza de su pueblo.
 
Y en México la credibilidad de las Fuerzas Armadas está llegando a su punto más bajo.
 
En Nuevo León hemos sufrido numerosas agresiones por parte del personal militar. A vuela pluma recordamos la tragedia del joven matrimonio abatido en Anáhuac por troperos quienes, además de asesinarlos, los sindicaron de narcos y les sembraron armas.
 
Y tenemos el caso del joven Otilio Cantú. Los castrenses lo abatieron en abril del año pasado y es fecha que ni siquiera se pone en claro si los homicidas de uniforme serán juzgados por un tribunal militar o por una corte marcial.
 
No puedo entender los procesos mentales de los altos mandos: reaccionan igual que los jerarcas de la Iglesia católica ante las acusaciones de corrupción de menores enfiladas contra sacerdotes u obispos: entorchados y cardenales juegan al avestruz.
 
Los mexicanos no podemos confiar en la policía ni en los jueces.
 
Eso lo sabe muy bien el presidente Calderón. El trágico error del michoacano fue eludir el esfuerzo por solucionar la crisis del aparato judicial y la estructura policiaca, y sacar a la calle a decenas de miles de fusileros sin una ya no digamos estrategia, pero ni siquiera táctica que ofreciera una mínima posibilidad de buen éxito.
 
FC tuvo, además, cuatro años para crear una gendarmería federal efectiva, profesional, honesta y animada por el espíritu de servicio.
 
No hizo nada.
 
 
Pero volvamos a los de verde olivo y azul marino. La Armada no ha perdido tanto prestigio como el Ejército, pero tampoco está impoluta.
 
Además de los asesinatos, los levantones, las torturas, las desapariciones, los allanamientos de domicilio y todo eso, ahora Defensa Nacional se está devorando a sí misma.
 
Los generales más poderosos se están haciendo garras en su ambición por ocupar la titularidad; salió a flote el asunto de los cinco mil millones de dólares gastados o tirados a la calle en tecnología chafa y de origen quizá impresentable; los alemanes están furiosos porque nos pasamos de listos y quisimos robarles la patente del mosquetón automático H&K; está el asunto del general Ángeles, que deja muy mal parada a la Secretaría: cómo, un narco me acusa de colaborar con el cártel y su palabra es suficiente para que me arrojen a prisión.
 
Y ahora despierta sospechas la multimillonaria erogación que quieren hacer con el pretexto de comprarle al Presidente un avión que haga vuelos trasatlánticos sin escala, como si detenerse a cargar combustible fuera una mancha en la imagen de México, ya bastante maltratadita.
 
Homicidios, abusos, corruptelas et al. aparte, los mílites dan la impresión de que, en el mejor de los casos, solo reaccionan cuando topan con los sayones: lo suyo es matar y matar y matar, de preferencia a los malos pero con frecuencia a inocentes.
 
Eso no es solución:
 
“Usted sabe perfectamente que en el campo de batalla siempre los vencimos, dijo el oficial norteamericano; el oficial vietnamita le respondió: Eso no tiene importancia”, Bernard Brodie, Guerra y política.

La crisis institucional alcanza a la milicia
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