Alguien quiere envenenar al perro

El último ataque contra El Norte —quinto en menos de un mes— despierta temor, dudas y sospecha.
 
El matutino es el periódico más importante de la provincia mexicana, y fue el punto de partida de un grupo editorial cuya nave capitana es Reforma, el rotativo más poderoso de México.
 
El imperio de papel, letras y tinta de la familia Junco de la Vega ha sido agredido en numerosas ocasiones: ¿será necesario recordar que no ha sido detenido uno solo de los sicarios?
 
Si el gobierno de Nuevo León no responde a los atentados contra estos medios de gran influencia y reconocimiento dentro y fuera de México, ¿qué podemos esperar los nuevoleoneses de a pie?
 
A los Junco de la Vega no les hacen caso, con toda la potestad que les da la posición que ocupan en el universo mediático y la credibilidad y lealtad que les manifiestan sus lectores y anunciantes.
 
¿Por qué esta indiferencia del gobernador Rodrigo Medina?
 
Es bien sabido que RM convirtió en problema personal lo que por parte de los citados editores no es más que un ejercicio profesional de crítica y denuncia de corruptelas e ineficacia: pero esa es la tarea de la Prensa.
 
Por ello los ingleses la llaman “the watchdog”: el bulldog, símbolo de la tenacidad de los anglos, que vigila y muerde al transgresor del orden social.
 
Y vaya que Rodrigo Medina tiene una muy larga lista de acciones y omisiones que a menos de la mitad de su sexenio lo han convertido en un Ejecutivo que no ejecuta porque no tiene autoridad.
 
Pero esto es sólo parte del problema. Rodrigo Medina no es el único funcionario a quien hieren de gravedad los balazos tipográficos del grupo El Norte-Reforma.
 
Claro que los narcos pueden ser los autores de los granadazos, descargas de fusilería e incendios que afectan —pero no intimidan— a los periodistas y personal en general de esta corporación blindada con pliegos bañados en tinta.
 
¿Y si no son los capos?
 
Mauricio Fernández nos debe una explicación: una de sus patrullas vio el ataque, pasó junto a los pistoleros, y los gendarmes, con toda la parsimonia del mundo, dieron vuelta a la calle.
 
Esto ya no es incompetencia.
 
Mauricio se significa por hablar de más y le da por defender a policías corruptos. Ya sabemos que Rodrigo Medina hará por esclarecer estos actos de terrorismo todo lo que pueden hacer las palabras.
 
Pero, sinceramente, esperamos, queremos creer que a Mauricio le saldrá la casta. El sampetrino está hecho de un material sólido: nada que ver con la anemia política de Rodrigo Medina.

Incompetencia no es
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