En EUA manda el pueblo, no las corporaciones: Obama

"En Estados Unidos mandan los ciudadanos, no las corporaciones. Así es ahora y así será durante los próximos cuatro años si ustedes me reeligen", dijo anoche el presidente Barack Obama.
 
En un discurso que electrizó a las casi 20 mil personas reunidas en un edificio de Charlotte, Carolina del Norte, el primer mandatario afroamericano de Estados Unidos reafirmó: "En este país las reglas se aplican por igual a todos".
 
Y depositó su fe en el pueblo: "Son ustedes quienes me llenan de esperanza".
 
El valor más grande de la Unión Americana son la comunidad y los trabajadores, añadió.
 
En uno de los discursos políticos —en mi opinión— más importantes de todas las épocas, el Presidente-candidato señaló una y otra vez que la solución a los problemas que sufre el país no será fácil ni inmediata.
 
"El camino es largo y difícil, advirtió. Tardaremos años en resolver las crisis que heredamos desde hace décadas".
 
Pero caminaremos juntos hacia un lugar mejor y no dejaremos atrás a nadie, agregó.
 
La pieza oratoria estaba inspirada en palabra y obra de gigantes como Abraham Lincoln, Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill.
 
El homenaje a los estadistas fue apropiado y oportuno. Hace cuatro años, Barack Obama juró respetar y hacer respetar la Constitución con la mano sobre la Biblia que Lincoln llevó a su investidura.
 
Y qué mejor momento para recordar al Gran Emancipador que la postulación de un presidente de origen africano para un nuevo mandato.
 
Y ello en un auditorio donde el arcoiris de todos los colores de la piel de los hombres vibraba en una fiesta.
 
Y Roosevelt estaba ahí: patricio que inspiró a la sociedad a superar la Depresión de 1929. “No tenemos nada que temer, salvo el temor”, dijo el cuatro veces electo Presidente, en manifestación de confianza hacia su pueblo.
 
Fe y esperanza ante las dificultades; trabajo duro y estudio, respeto y apego a los valores y principios de una sociedad que se impuso a sí misma la obligación de “ver la verdad, sepultada bajo avalanchas de dinero y de publicidad y propaganda”, Obama dixit.
 
BO no leyó: su tono de voz no se alteró. Ni gestos teatrales ni cursilerías o gracejadas para ganar el aplauso de las galerías. Sereno, enérgico, claro en su mensaje:
 
"No estoy aquí para decirles lo que ustedes quisieran oír. Ustedes me eligieron para que les dijera la verdad, y la verdad es que tardaremos muchos años en superar estos problemas".
 
Pero las crisis se podrán resolver. Obama habló con cruda franqueza: para salir de esta, el peor desastre desde la Gran Depresión de 1929, será necesario hacer sacrificios.
 
Sus palabras evocaron la bravura y tenacidad de Churchill cuando, al estallar la II Guerra Mundial, dijo a su pueblo que sólo podía ofrecer sangre, sudor y lágrimas.
 
 
 
El mandatario fue muy claro: Wall Street no manejará al país; las empresas y corporaciones que inviertan su dinero en el país y creen empleos recibirán un trato adecuado a su esfuerzo.
 
Pero no habrá rebajas de impuestos para las corporaciones que sacan los dólares de la nación para crear compañías en el extranjero.
 
La elección de noviembre, previno, no es una pugna entre dos candidatos, sino la alternativa que se le ofrece al pueblo de decidir el destino de una generación.
 
"Yo no tengo todas las respuestas", aceptó; "pero si comparten conmigo la fe y la esperanza, les pido que voten por mí".
 
 
 
Michelle presentó a su marido ante los convencionistas, y el Presidente inició su mensaje con una declaración de amor a su esposa e hijas.
 
La convención fue un ensayo de locura. Estos gringos son a veces tan niños. Hubo rock y parejas que bailaron; un anciano, desafiante, mordía el puro sin encenderlo; un chico de gafas llevaba sombrero de paja y se mezclaban hombres de traje y corbata y damas de atuendo elegante con gente en shorts y sandalias. Obama los emocionó: lágrimas, sonrisas y risas, aplausos, vítores, pequeñas banderas ondeando; un momento de orgullo y tristeza cuando un grupo de veteranos heridos en Iraq y Afganistán subieron al podio.
 
Y Scarlett Johansson y Eva Longoria y Natalie Portman y Kerry Washington y todas esas enormes gringotas de muslos largos y tetamen firme: poderosas Afroditas, como las llamó Woody Allen en una de sus cintas.
 
Terminó la jornada. Los políticos, ya se sabe, hacen promesas y es tan raro este mundo que a veces las cumplen. Nadie duda de la honestidad y las buenas intenciones de Obama.
 
Pero cada mes 750 mil norteamericanos pierden la chamba. Hay 23 millones de desempleados y subempleados; la deuda es por billones de los nuestros (millones de millones) y los boys and girls matan y mueren en países a miles y miles de kilómetros de distancia.
 
Lo que será, será. El jueves seis de septiembre de 2012 fue el día de Barack Obama. Mañana…
 
Quedan, como sea, sus palabras: “Mantengan la fe, no en mí, sino en ustedes”.




Los políticos
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