'México pierde a un hombre de Estado'

Nunca generalices, insistían mis maestros.
 
Procuro atender el consejo, pero en el mar de podredumbre que naufragamos es difícil conservar el juicio sano y frío.
 
No soy el único. Ponemos en el mismo espacio negro de suciedad a todos los diputados y senadores y eso, peor que un error, es una injusticia.
 
Alonso Lujambio era un hombre decente, un servidor público de excepción. Por esta vez, concuerdo con el presidente Felipe Calderón: México perdió a un hombre de Estado.
 
El maestro Lujambio nunca fue burócrata de consigna de partido. Ahora cruzó el río: si en paradoja incomprensible hay algo parecido a la vida más allá de la muerte, él estará allá, en pie.
 
En México las instituciones se desplomaron pero hombres como el señor Lujambio se mantuvieron erguidos entre las ruinas. Fue un siervo de la nación, como lo pidió Morelos. De rendirse ante la enfermedad, nada. Aportó su esfuerzo hasta el último momento. ¿Sacrificio? No: Espíritu de servicio, amor al oficio.
 
Escribe Nietzsche: "¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de la potencia, la voluntad de la potencia, la voluntad en sí". Los hombres de corazón grande se imponen a la debilidad de la carne. El ex titular de Educación nos enseñó otra cosa: es de gente dogmática y sectaria evaluar a los hombres a partir de la bandera del partido de su militancia.
 
Es tan breve el paso por esta Tierra y son tan escasos los hombres que en el viaje a la eternidad o la nada dejan la semilla del ejemplo. El señor Lujambio apenas tenía 50 años; recién rindió su protesta como senador el 29 de agosto.
 
Su entrada a un recinto que dignificó fue la de un triunfador: no podemos vencer a la muerte, pero si hay coraje en el alma y el espíritu nos es dado tratarla de tú a tú: tiene que venir por nosotros, a eso se dedica; lo nuestro es recibirla con una sonrisa, con un abrazo, con el amor que se dispensa al amigo de milenios que no vivimos.
 
"Cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria", dice David en uno de sus poemas. Hombres como Lujambio nos toman de la mano para llevarnos a la cima de la montaña donde el aire fresco y limpio nos lleva el mensaje de que algún día nosotros o nuestros hijos o nuestros nietos o los nietos de nuestros nietos sacaremos o sacarán a México del pozo de la miseria moral.
 
Nadie nos regalará la dignidad; la decencia social y la libertad no lloverán del cielo como el maná del regalo divino. Tenemos que pelear y entender que el combate será largo y el precio, el dolor. Que nos acompañe el valor del maestro Lujambio.
 
Vuelvo a Nietzsche: "Y el mensajero murió de la misma manera como había vivido, como había enseñado: no para salvar a los hombres, sino para mostrar cómo se debe vivir".

Alonso Lujambio
LO MÁS VISTO:

Para leer más

Celebran su apoyo radial El Teatro Ángela Peralta...
PRESENTAN LIBROS SOBRE AYOTZINAPA.- La noche del 26...
CHARLARÁ CON SUS LECTORES REGIOMONTANOS.- Sergio Ramírez (Nicaragua,...
JUAN TREJO TAMBIÉN ESCRIBE PARA QUE LO...
INICIA LA FERIA DEL LIBRO DE LA...
EL RETORNO DE 'LA BELLA Y LA...
UN TEXTO AUTOBIOGRÁFICO DEL ESCRITOR LUIS PANINI.- Hace...
LA ÚLTIMA DE ROBIN WILLIAMS.- La tercera entrega...
TIERNOS, GORDITOS Y TE HARÁN REÍR.- Después de...
JUAN CEDILLO PRESENTA 'EITINGON'.- El 20 de agosto...