Entran burócratas en concurso de oratoria

Ensayo de interpretación: el asesinato del joven Moreira es, al tiempo, una manifestación de poder y un desafío, no a Coahuila, sino al Estado mexicano.
 
Esto, si es que se trata de un atentado perpetrado por el crimen organizado. La víctima no era un ciudadano de a pie, sino vástago de un hombre e integrante de una familia que hasta hace poco estaban en la punta de la pirámide política. Quizás todavía lo esté. (No conozco a Humberto Moreira, pero le expreso mis condolencias. Está sufriendo el más cruel de los dolores).
 
Desde luego, la primera hipótesis oficial me parece difícil de aceptar: el homicidio fue una venganza; ese mismo día cayeron en un enfrentamiento cinco sicarios, uno de los cuales era pariente cercano de un jefecillo de pistoleros.
 
En México todo es posible, pero entiendo que sólo un matarife de cortos alcances podía tomar una decisión de tanta gravedad. Los verdaderos capos no son tontos ni nacieron ayer. Si lo que pretenden como su principal objetivo es desestabilizar a la República, debemos reconocer que lo están logrando. El zarpazo hirió a la élite de la clase política y, claro, obligó al gobierno federal a montar la escenografía a la que nos tiene acostumbrados: una significativa porción del gabinete viajó a Coahuila y hasta donde la burocracia lo dio a entender, aunque no dudo que pronto se desdiga, Gobernación se hizo cargo de las pesquisas.
 
¿Por qué la Segob y no la Procuraduría General o la Secretaría federal de Seguridad Pública? Aunque luego se hace una graciosa concesión y se informa que la PGR abrió la averiguación previa.
 
Tal vez nos están enviando un mensaje cifrado en un código muy elemental: es un delito perpetrado con propósitos políticos. Como suele suceder, hay tantos cabos sueltos. ¿No tenía escolta el hijo mayor del ex gobernador y ex presidente del PRI?
 
Coahuila es una entidad donde arde, de punta a punta, la hoguera de la violencia. Carreteras controladas por los sayones; balaceras que duran horas en la ciudad capital, Torreón, Piedras Negras y otras localidades. Ejecuciones, secuestros, narcofosas, legiones de reos que salen del penal por la puerta grande, supongo que despidiéndose de sus vigilantes de beso y abrazo.
 
En un estado tan golpeado por los sicarios y sabrá Dios si por otras fuerzas, ¿se iba a descuidar la integridad física del primogénito del cacique mayor?
 
El procurador local, Homero Ramos Gloria, mencionó que tendrá declaraciones de "testigos importantes". ¿Por qué usar la palabra "importantes"? Tal vez nos está diciendo que el joven Moreira estaba, al momento de ser secuestrado, en compañía de personas de peso político o económico.
 
También se puede pensar que el abogado Ramos no es un académico de la lengua y entre las limitaciones de su discurso y el natural malestar, se le fue un dislate.
 
Acuña es una ciudad muy pequeña y, al estar en la frontera, uno puede suponer que los norteamericanos tienen presencia allá. Se sabe que nuestros socios y vecinos, ahora además protectores, son maestros en el arte de la infiltración: así es como se obtiene la información dura. No les falta experiencia, disponen de la más avanzada tecnología y para estas operaciones les sobran dólares.
 
Y están el Ejército, la Armada, la PGR, la SSP, el Cisen y una larga cauda de, digamos, instituciones más o menos mexicanas, cada una de las cuales dispone de sus propios servicios de espionaje. ¿Fracasaron todas, en el mismo tiempo y espacio?
 
El presidente Felipe Calderón anunció que le dio instrucciones precisas y rigurosas a la procuradora de la nación. Eso ya lo hemos oído antes. Las espectaculares movilizaciones de personal castrense y de la PF tampoco son novedad. Tanto las directivas presidenciales como el desplazamiento de elementos federales sirven para lo mismo: para nada.
 
Claro, ahora viene la declaracionitis. La alta burocracia entra a una suerte de concurso de oratoria. Abrió la competencia el ubicuo titular de Gobernación, Alejandro Poiré.
 
Dice el comunicado oficial: "Hechos tan lamentables como éste refuerzan la convicción del gobierno de la República para enfrentar de manera contundente a los miembros de grupos criminales y delincuenciales con el fin de llevarlos ante la justicia".
 
Bastante rupestre: Bucareli difícilmente calificará. Si con declaraciones se resolvieran los problemas, México sería el país más avanzado del planeta.
 
Tenemos, por lo pronto, otro asesinato político. Actos de extrema violencia como éste raramente son castigados. El Estado casi siempre sabe quiénes ordenaron el hecho criminal y quiénes lo ejecutaron. Quizás éstos últimos tengan los días contados: los muertos no hablan. Pero lo más probable es que de los autores intelectuales nunca sabremos nada.

Tags: Eduardo Moreira  
Política tinta en sangre
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