Fracasará investigación del crimen Moreira

Reflexiona Macbeth: “Si todo terminara con la ejecución del hecho, nada como realizarlo rápidamente. Pero el asesinato bien podría embarazar las consecuencias y arrebatarnos el éxito. Este golpe pudiera ser el principio y el fin de todo…”.
 
El Estado mexicano inició la investigación del asesinato de Eduardo Moreira Rodríguez de tal forma que, con escaso margen de error, se puede anticipar el más rotundo fracaso. De entrada, intervienen seis dependencias: Gobernación, el Cisen, la Procuraduría de la República y la de Coahuila, además de la Defensa y la Marina. No enlistamos a las agencias norteamericanas, pero por lo menos la CIA y la DEA quizás participarán en la tarea de descarrilar la averiguación.
 
Si no hay coordinación entre el Ejército y la Armada, ni existe orquestación de esfuerzos, por decir algo, en las procuradurías, cómo vamos a creer que seis entidades gubernamentales todavía más o menos mexicanas y algunas extranjeras podrán unir esfuerzos en busca de un resultado común.
 
Quizás ese sea, precisamente, el propósito: inventar algunos Aburtos y apostar al olvido, a la pérdida de poder político del profesor Humberto Moreira y a las discordias entre sus hermanos.
 
Veamos: el subjefe de la policía de Acuña, Rodolfo Castillo, se pone de mal humor cuando le preguntan si vio al chico sacrificado quien, según comentó por celular minutos antes de las seis de la tarde, precisamente iba a ver al tal Castillo, quien le dijo que tenía algo qué comentarle. Pero RC se niega a hablar: igual no hizo nada y enmudece de miedo, pero al parecer ya le pusieron la etiqueta de, por lo menos, cómplice del crimen.
 
Ahora nos enteramos que el citado subdirector de Seguridad municipal no pasó las pruebas de confianza. Pero seguía siendo el número dos en el mando de los azules de Acuña. Entonces, con diez mil demonios, cuál es el propósito de esos exámenes.
 
El muchacho Moreira era el personaje central en la entrega de unos espacios deportivos que, a un costado de la macroplaza, se construyeron por su iniciativa. La ceremonia estaba programada para las seis de la tarde y ya se encontraba en el sitio el alcalde Alberto Aguirre Villarreal. Se me antoja raro que EM hiciera esperar al edil para ir a cambiar impresiones con el subjefe de la gendarmería. En la burocracia se cuidan mucho las formas y los convencionalismos y en la escala de autoridad hay un abismo entre el presidente municipal y un policía.
 
Otrosí: el hijo del ex gobernador desaparece a las 18 horas y encuentran el cadáver pasadas las diez de la noche. ¿Cuatro horas para localizarlo, en una ciudad tan pequeña como Acuña? Los 39 guardias que se llevaron a Saltillo estaban de turno esa noche en el sector Fundadores, donde supuestamente ocurrieron los hechos. Se da a entender que sobre ellos cae la sospecha, como si agentes de diverso horario y comisionados en diferente rumbo no hubieran podido intervenir en el acto criminal.
 
Y qué pensamos del jefe de la policía, el general retirado Javier Aguayo y Camargo. Sólo tenía a 187 elementos bajo sus órdenes, entre uniformados y gente de administración y servicios. Un hombre del Ejército, con el águila y por lo menos una estrella, ¿no conoce a sus subordinados?
 
"Los oficiales, los jueces, los sacerdotes y los médicos conocen a los hombres como si ellos los hubieran hecho", escribió Sartre. Este señor Aguayo, ¿nunca se tomó la molestia de indagar qué clase de personas tenía en su cuerpo de Seguridad? Y esto en Coahuila, una de las entidades más violentas de México. Nada menos ayer siete personas murieron en un tiroteo cerca de Sabinas.
 
El gobierno quiere convencernos de que el chico Moreira fue abatido en venganza porque los federales habían liquidado a un sicario sobrino de un narco menor. No es imposible: en México suceden cosas difíciles de aceptar. Pero convengamos que no hay proporción entre el hijo de un hombre como Humberto Moreira y un pistolero de bajo nivel.
 
La reacción de la clase política ha sido también muy peculiar. Muchos mensajes de condolencia, pero pocos abrazos, escasos apretones de manos. Al ex presidente del PRI, mutilado del alma, lo arrojaron a los lobos. Ni la mafia siciliana ni la Unión Corsa actúan con tanta frialdad. Es obvio que sólo alcanzamos a ver la punta del iceberg.

Tags: Eduardo Moreira  
¿Apostar al olvido?
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