Sigue en duda si fue 'el Lazca' el que murió

El ridículo que está haciendo el Estado mexicano es de antología. La Armada asegura que sus fusileros mataron a Heriberto Lazcano Lazcano, "el Lazca", fundador de los zetas y jefe de una de las dos facciones en que se dividió el comando de asesinos.
 
Pero, cosas del destino, unos encapuchados se robaron el cadáver. La noticia se publicó en primera página en los cinco diarios más importantes del mundo: El País, The New York Times, La Repubblica, Le Monde y The Guardian, así como en docenas y docenas de diarios de todo el planeta.
 
Los méndigos cabeceros, redactores y editorialistas no escatimaron ninguno de los detalles que confirman, como si fuera necesario, que el Estado mexicano no más no la hace. Peor aún: la DEA pone en duda —al igual que varios senadores del PRI, el PRD y por lo menos uno del PAN— que el cadáver sustraído haya sido efectivamente el de Lazcano.
 
La Semar dijo que el difunto, sea quien haya sido, tenía una estatura de un metro 60. La DEA sostiene que el Lazca tenía o tiene una estatura de un metro 72. ¿Quién miente?
 
El gobierno de Nuevo León se apresuró a sacar provecho de la coyuntura, y declaró que con la muerte de quien fue zeta uno, se cierra el caso del casino Royale. Qué cómodo, qué oportuno.
 
Pero vamos por partes. El Lazca era un asesino muy peligroso y extremadamente cruel: una versión no confirmada asegura que en ocasiones arrojaba sus prisioneros a las fieras que tenía en uno de sus zoológicos privados. Pero no fue nunca una figura de peso en el universo del tráfico de estupefacientes. Era, si murió, o es, si continúa vivo, un capitán de sicarios y nada más.
 
Tampoco fue nunca un soldado de élite. Estuvo siete años en un batallón de Infantería que no tiene nada de especial, y en ese lapso sólo ascendió a cabo. De raso a soldado de primera y luego a cabo. En siete años. El Ejército, grillas aparte, no es clasista ni escatima méritos a quien se los gana. Eliseo Jiménez Ruiz ingresó como soldado raso y llegó a ser general de División. Aquí estuvo, como comandante de la VII Zona.
 
Sí, Lazcano reclutó a varios ex troperos y a militares en activo, algunos de ellos procedentes de cuerpos de asalto: paracaidistas y formaciones aerotransportadas. Pero él no era uno de esos guerreros que entran a la leyenda negra. Si los gobiernos de México y Estados Unidos ofrecieron recompensas millonarias por su muerte o captura, entonces hay que pensar que había un interés especial en magnificar la figura del Lazca, quizás para hacer creer a la opinión pública que al ser neutralizado, gran parte del andamiaje del narco se vendría abajo. Y no es así.
 
Uno de los jefes zeta, Miguel Ángel Treviño, desacató la autoridad del Lazca y estalló la guerra intestina. Así que sólo resulta dañado el escuadrón que respondía a las órdenes de Lazcano, y eso, muy relativamente.
 
Estos criminales son piezas de recambio, prescindibles, si se me permite la expresión. Cae uno y surgen doce para sustituirlo. Pero en el caso que nos ocupa, ni siquiera estamos seguros de que el hombre abatido haya sido el Lazca. La versión oficial es que él y su compinche, Mario Alberto Rodríguez, fueron a ver un juego llanero de beis, abordaron su camioneta y entre Progreso y Sabinas, Coahuila, les marcó el alto un convoy naval.
 
Los sayones dispararon, los marinos respondieron al fuego y luego llevaron los despojos a la Funeraria García, de Sabinas. Inexplicablemente, no se montó guardia ni nada y entre la una y la una y media de la madrugada del lunes unos delincuentes encapuchados se llevaron los restos de los dos gatilleros. El dueño de la agencia de pompas fúnebres denunció los hechos siete horas después.
 
Todo resulta tan conveniente, tan oportuno. Ahora nunca sabremos la verdad. Sale sobrando que el presidente Felipe Calderón asegure que fue el Lazca quien cayó en el enfrentamiento. Su "estrategia", dice, funciona. Se trata de "enfrentar a los criminales, pero a la vez fortalecer los instrumentos de seguridad y de justicia y reconstruir el tejido social". Hermoso y conmovedor.
 
Queda en pie el pequeño detalle de que el mandatario panista hace buen rato confunde sus sueños e ilusiones con la realidad.
 
Roberto Gil Zuarth, del PAN, presidente de la Comisión de Justicia del Senado, pide prudencia a la hora de confirmar la identidad del difunto. El priista Omar Fayad, titular de la Comisión de Seguridad Pública también del Senado, no fue tan moderado. Dijo: "No veo cómo van a justificar (la desaparición). Es el criminal más buscado en este país, ofrecen una recompensa millonaria, pero no tuvieron capacidad para someter al cuerpo a todo tipo de medidas de seguridad".
 
El senador perredista Armando Ríos Piter se expresó en términos parecidos y concluyó que todo el asunto le parece una telenovela.
 
No tenemos remedio: nuestra burocracia no tiene estilo ni para decir mentiras.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Rodrigo Medina hace hoy su número estelar. Confío que mande retirar los nacospots con que en su ingenuidad nos quiere dar atole con el dedo.

Ridículo de antología
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