Infunden esperanza y valor en la policía de Guadalupe

En las trincheras no hay ateos, decían en la Guerra del Catorce. Es válido para todas las funciones de armas que hubo, hay y habrá.
 
En Ciudad Guadalupe los policías, el Alcalde y, espero, las familias de los agentes y los civiles de buena voluntad, están viviendo un episodio de gran riqueza moral y espiritual: un acercamiento con Dios.
 
Fue el Sargento (hombres como éste merecen que se escriba su rango en altas) retirado del Ejército, Florencio Santos, quien invitó al pastor Salatiel Vázquez a acompañar a los guardias, cantar con ellos, decirles palabras de aliento.
 
Y sí, funciona. Florencio Santos confirma que Napoleón sabía de lo que estaba hablando, cuando dijo que los sargentos son la columna vertebral de los Ejércitos.
 
Las mujeres y los hombres, cuando ponen en riesgo la vida, se encomiendan a la protección de un Ser Supremo. Casi todos lo hacen. El hijo de Dios cree en Dios. Hasta los guerreros del glorioso Ejército Rojo, que derrotaron a la máquina de guerra hitleriana, tenían fe en su Iglesia Ortodoxa, o en el Partido y el "padrecito" Stalin: los no creyentes simplemente cambiaron un dogma por otro.
 
El alcalde guadalupense César Garza y el secretario de Seguridad, coronel Enrique Sanmiguel, le están dando a la tropa un tesoro de coraje y dignidad, de orgullo bien entendido y de fe.
 
La gente del Centro de Apoyo a los Derechos Humanos, Cadahac, me habló muy bien de don César: en sus tiempos de diputado dio apoyo a las gestiones de familiares de desaparecidos, de búsqueda de levantados y de respeto a los derechos humanos. Pero lo que están haciendo rebasa con mucho las prácticas castrenses y de gendarmería que, en sí, no son malas. Sin embargo, esto es muy superior.
 
El pastor Vázquez también es ejemplo de amor a Dios y a los hombres, de devoción y de disciplina. El Estado mexicano es laico, pero el laicismo no es sinónimo de hostilidad hacia ninguna religión. Y bienvenida la fe si les da a los hombres que van al combate esperanza y valor.
 
Estos hombres, estas mujeres de uniforme azul sienten a Dios en su corazón. Los narcos también lo buscan, pero en su corrupción espiritual vuelven a desviar el camino y confunden al Gran Geómetra con lo que ellos llaman "santísima Muerte".
 
Inviten, don César, coronel Sanmiguel, Sargento Santos, a más gente. Los cánticos y alabanzas al Gran Misterio y las alocuciones de sus auténticos servidores no le hacen mal a nadie. Sólo me permito plantear una sugerencia: llame a participar, Sargento Santos, a sacerdotes católicos, a rabinos, a imanes: en los buenos encontrará sabiduría y amor. Dios es Uno y no le molesta la forma en que se le adore.
 
Bien por el edil César Garza. No importa que llegue desgreñado y con el cuerpo lleno de sueño. Simplemente llegue. Y, ya entrado en gastos, expulse de Ciudad Guadalupe al cacique: no lo tolere. Ya bastante daño ha hecho. Ponga en práctica el principio de extracción. Sólo es cuestión de hormonas, cerebro y oficio político, y César Garza es rico en esos valores.
 
"Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés": Éxodo, 35, 20.
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Un abrazo para mi hermano Daniel Dimas Segovia, quien está postrado en el lecho del dolor. Daniel, amigo mío desde hace 64 años, vive una experiencia dura y difícil. Que el Señor lo acompañe y tenga a bien permitirnos ser parte de su séquito.




Bienvenida la fe
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