El diálogo de una hora

Llama la atención la pobreza informativa que ofrecieron los medios mexicanos sobre la entrevista de Peña Nieto con el presidente Obama.
 
De la prensa gringa mejor no comentamos nada.
 
Lo que crispa: en su columna publicada en el diario La Prensa, del defe, José Antonio Chávez publicó que el Estado Mayor Presidencial abrió parcialmente los accesos a San Lázaro… por órdenes que llegaron de Washington.
 
La Prensa dejó de ser hace siglos un diario digno de credibilidad y a Chávez no lo conozco, pero si el columnista tiene un adarme de profesionalismo, el mero hecho de que se divulgue la posibilidad provoca escalofríos.
 
Cierto: Peña Nieto estaba en la capital norteamericana y el señor Chávez no precisa si la instrucción partió del mexiquense o del gobierno gringo.
 
Si es lo segundo, estamos jodidos.
 
Y si es lo primero, también: porque no importa cuán intenso es nuestro deseo de decirle adiós a Felipe Calderón, él es, todavía, presidente de los Estados Unidos Mexicanos o México: las dos opciones están en el menú.
 
Pero volvemos a la reunión de trabajo entre el mandatario en funciones y el Presidente electo.
 
Conversaron durante una hora, más o menos.
 
¿Sesenta minutos para discutir los problemas que existen entre la nación más poderosa del mundo y una de las fábricas más eficaces para producir pobres?
 
Es muy poco tiempo para un intercambio serio de argumentos; pero es un lapso más que suficiente para dictar órdenes.
 
Obama es un tipo de poca madre y si yo fuera norteamericano, habría votado por él. Pero no caigamos en el autoengaño ni pintemos al mundo color de rosa: el presidente de Estados Unidos es un gringo y naturalmente tiene compromisos con las personas y las organizaciones que, vamos a decir, que lo ayudaron a ganar la reelección.
 
Y desde hace casi dos siglos conocemos los proyectos que tiene sobre México la oligarquía gringa, ahora reforzada por el cártel de la globalización.
 
Según EPN, se cambió la agenda —con la violencia en la página ochenta— a iniciativa de él. Pero otras versiones aseguran lo contrario.
 
No ofendo a nadie si reconozco que Obama es un político de gran talento preparándose para dar el salto que lo convertirá en hombre de Estado.
 
Por su parte, Peña Nieto es… Bueno, es Peña Nieto. No hay punto de comparación entre los dos.
 
Las relaciones entre dos Estados entran al terreno de la política exterior.
 
Obama ya cumplió cuatro años en lidia con toda la fauna política del mundo. EPN, en tanto gobernador del EdoMex, no puede haber aprendido mucho en ese rubro.
 
Para acabar pronto, Obama se lo come vivo: el pobre mexiquense no tiene mucho aplomo cuando está solo, y bastante nos hizo reír al intentar convencernos de que domina el idioma inglés y cuando en la FIL de Guadalajara no pudo mencionar los títulos de tres libros que hubiera leído.
 
Y nos hizo llorar cuando se quedó mudo a la mención de la tragedia de la niña Paulette.
 
Pero esto es lo que hay: por él votaron los mexicanos y ahora nos aguantamos, como lo venimos haciendo desde tiempos muy remotos.
 
Sea de quien fuera la idea, es bueno que la narcoviolencia haya pasado a páginas interiores, como decimos en el oficio.
 
Como sea, el noventa por ciento de los mexicas terminaremos por irnos al rancho de López Obrador.
 
Qué país este: la OCDE nos dio champú de cariño: este año el PIB creció 3.8%; en el trece bajaremos un poco a 3.3 y, maravillas de los ocdes, al 14 estaremos en un decoroso 3.6.
 
Las alegres cuentas de la OCDE se publican el mismo día que la Cepal informa que, después de El Salvador, México es el país que tiene más pobres en la América Ibérica: el 35 por ciento de la población.
 
¿En qué nos beneficia la salud del PIB si millones de mexicanos se están muriendo de hambre?
 
 
 
 
PIE DE PÁGINA: Siempre se dijo que los presidentes de México terminan locos su sexenio.
 
Calderón recién envió a la Cámara de Diputados una iniciativa para crear la segunda ronda electoral y al parecer está preparando otra para privatizar al ejido.
 
Si el michoacano perdió la razón, la Rectoría de Harvard también se extravió en los caminos de la demencia o, por lo menos, de la insensatez.
 
 
¿Qué les irá a enseñar: cómo reducir drásticamente la población en cuatro años o a construir autopistas que a los dos kilómetros terminan ante un cerro?

Tantea Peña Nieto la política exterior
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