Sí existe Santa Clos

Llama la atención que, en lo que se dio a conocer como resumen de su programa de gobierno, el presidente Peña Nieto no haya hecho una sola referencia al desastre de proporciones bíblicas que redujo al campo mexicano casi a la categoría de desierto.
 
No producimos los alimentos que consumimos: ergo, a importar se ha dicho. Pero eso tiene sus asegunes. La alimentación es un problema de seguridad nacional mucho más grave que la narcoviolencia.
 
Pero el flamante jefe de Estado no dio a conocer, si es que lo tiene, un proyecto para reanimar al agro. Habló de lo que llama "cruzada contra el hambre" Por lo que se publicó, supongo que se trata de pedir ayuda a otros gobiernos y hacer un llamado a la solidaridad de los mexicanos. Si así son las cosas, hay que decir que la propuesta es muy pobre.
 
En cuanto a la combinación de plan de acción y promesas dadas a conocer ayer, creo que lo mejor es esperar. Peña Nieto es el décimo tercer Presidente de México a quien escucho compromisos de mejorar la vida de los mexicanos y convertir a México en potencia mundial.
 
Esto último nunca lo he entendido. ¿Habrá más arroz en mi cuenco, como dicen los chinos, si nos hablamos al tú por tú ya no digo con Estados Unidos sino con la República africana de Sierra Leona? ¿Qué utilidad obtenemos en caso de elevarnos al rango de nación poderosa, líder por lo menos de Iberoamérica, como antes presumíamos?
 
Pero dejemos eso. En el gabinete hay tamales de chile, de dulce y de manteca: desde personas de gran calidad como Mondragón y Kalb, saurios del parque jurásico con larga y sucia cola e ilustres desconocidos, o casi.
 
Hay algunos asuntos que son claros. Carlos Slim es, definitivamente, más poderoso que Televisa y TV Azteca juntos. Y los recursos financieros, políticos y hasta policiacos que lo apoyan son suficientes para crear un nuevo orden cósmico.
 
La apertura de espacios a la tele es en primer lugar, creo, el reconocimiento al peso y los pesos de Slim; en segundo término, una advertencia a los niños arrogantes de las telecadenas: no pueden estar por encima del Estado (leer a San Juan Evangelista: "Él no era la luz, sino un testigo de la luz") y, en último lugar, un acto elemental de justicia, que en México es lo que menos interesa.
 
La reforma energética también da mucho qué pensar. ¿Es realmente necesaria una inyección de capital extranjero o totonaca? ¿Qué, de plano no podemos construir más refinerías o los gringos nos lo prohíben? Si reestructuran el gobierno y dejan de usar a Pemex como la única fuente de ingresos de la burocracia, tal vez no sería necesario pasar la charola.
 
Esto tampoco es necesariamente malo: algo de billete del exterior no es sinónimo de control del petróleo. Hay que evitar eso de envolvernos en la bandera porque ya estamos al borde del precipicio. Y debemos tener presente que no es lo mismo nacionalismo que patriotismo.
 
Pero, ojo: con reforma o sin ella, al igual que con marmaja de EUA o de China o de quien sea, Pemex no funcionará como debe mientras Romero Deschamps siga como tatamandón.
 
La primera línea que leí sobre el ferrocarril me llenó de júbilo: soy hijo, nieto, sobrino y primo de hombres y mujeres que durante varias generaciones, desde principios del siglo pasado le dieron la vida unos a los Nacionales de México y otros al SudPacífico, y me duele en el alma que México sea, quizá, el único país del mundo que tiene caminos de hierro, máquinas y vagones, pero todo ello en manos de concesionarios gringos que subieron a la Séptima Posada de la Felicidad cuando se canceló el servicio de trenes de pasajeros. Ni Kafka se hubiera atrevido ya no digo a escribir pero ni a soñar este despropósito.
 
Pero los siguientes párrafos me desanimaron: se trata, entiendo, de organizar lo que los españoles llaman convoyes de cercanías. Está bien, desde luego. Y quizá sea el primer paso para que volvamos a tener ferrocarriles.
 
Estamos en una crisis muy peligrosa: compramos el yantar a quien lo venda porque hace muchos años el campo se volvió yerto y estéril —¿y si un día no podemos comprar o no nos quieren vender?—;ni el gobierno ni los ipecos ni el sindicato controlan el sistema ferroviario; el narco domina las carreteras y se asentó, cómoda y cínicamente, en varias poblaciones; y la educación está en manos de una siniestra cacique quien impuso la novedad de que los niños y adolescentes simplemente son aprobados para pasar de un año escolar a otro independientemente de su aprovechamiento.
 
Pudiera entenderse el nombramiento de Chuayfett como el principio del fin de la chiapaneca —cacicazgo tan funesto para la SEP como lo es el de Romero Deschamps para Pemex—, pero el mexiquense es de Atlacomulco: lo suyo es la transa y de educación no sabe ni el silabario.
 
Lo más sano es esperar a ver cómo pinta el verde. Ya basta de hacernos pendejos solos cada seis años con eso de que "ahora sí van en serio las cosas" y "con este señor sí la vamos a hacer". Ojalá que así sea, pero, por el Señor de los Tres Clavos, recordemos que Santa Clos sí existe, pero hace rato se pasó al narco con renos y trineo.

Programa y promesas del nuevo Gobierno
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