Molinar Horcasitas, Cordero, Zedillo, Mancera

Varios fracasos carga en estos días el operador político más destacado del Partido Acción Nacional, el muy listo (a veces se quiere pasar de tal) Juan Molinar Horcasitas.

Primero derrapó con la aplicación de la idea peregrina de hacer una “consulta indicativa” previa al proceso final de selección del candidato panista, el cual como todos sabemos surgirá de entre Cordero, Creel y Vázquez (por orden alfabético).

Luego quiso desestimar el pleito de  Manuel Clouthier mediante el expeditivo proceso de remitirlo al tribunal ante el cual el quejoso se había inconformado. Nada más consiguió darle foros radiofónicos al hijo de Maquío para insistir en la vengativa negación de sus derechos partidarios, sea esto cierto o no.

Y para terminar el cuadro, el Tribunal Electoral del Estado de Michoacán desestimó 25 impugnaciones cuya atención habría anulado las elecciones como se hizo con el proceso de Morelia, con lo cual el argumento de Molinar sobre la concordancia de las mismas causas y los mismos efectos, podría venirse abajo.



CORDERO

Ernesto CorderoMuchos han indagado entre las señales aparentemente significativas y generalmente ocultas o disimuladas, los signos de alguna preferencia presidencial definitiva hacia Ernesto Cordero Arroyo, ex secretario de Desarrollo Social y de Hacienda, y como si las evidencias mismas de sus promociones incesantes en el equipo no fueran suficientes, se han preguntado cuándo comenzó a manifestarse la intención.

Ha habido muchos detalles, pero el más remoto y visible, al menos para esta columna, fue en enero del 2008, cuando se entregó por primera vez el premio de enfermería creado poco tiempo atrás con el nombre de la señora Graciela Arroyo de Cordero, madre del actual aspirante presidencial panista.

En aquella ocasión, en el Día de la Enfermera, cuando todavía era secretario de Salud el doctor José Ángel Córdova Villalobos, el presidente Calderón llenó de elogios la memoria de doña Graciela y tuvo un momento casi de confidencia. Esto dijo:

“…Debo decir, además, que doña Graciela Arroyo de Cordero, en cuyo honor se ha instituido este reconocimiento, fue, como se ha dicho, una insigne mexicana que ejerció durante décadas la enfermería y la docencia con especial dedicación y con un compromiso inquebrantable, con una atención médica de calidad hacia los pacientes.

“Doña Graciela luchó toda su vida por la profesionalización de esta noble actividad y porque se otorgara a quienes a ella se dedican una remuneración justa, un trato equitativo por su esmerada labor.

“Y yo tuve la fortuna de constatar la nobleza, la bondad y la calidez de la maestra Arroyo, porque además fue madre de uno de mis colaboradores más cercanos durante mucho tiempo, el maestro Ernesto Cordero, actual Subsecretario de Egresos”.


Muchos creyeron ver en la entrega misma de esta presea no sólo una distinción a la desaparecida maestra, sino una especie de expresión solidaria de largo alcance y profunda raíz hacia Cordero.

¿Significó todo esto parte de un estímulo (cuando aún vivía Juan Camilo Mouriño) cuya expresión final pudiera ser el impulso definitivo a una candidatura presidencial?

Algunos lo creen, otros lo dudan. Pero queda esta pequeña historia como un elemento para futuros análisis.

 

ZEDILLO

Dos cosas llaman la atención en la defensa del ex presidente Ernesto Zedillo ante las acusaciones por violación de Derechos Humanos relacionadas con la matanza de Acteal durante su gobierno.

La primera, la supervivencia misma de las fantasmales acusaciones. Y les llamo fantasmagóricas por el anonimato en el cual se ocultan sus acusadores cuya invocación del temor a represalias les facilita la oscuridad. En esas circunstancias era para haber desechado el recurso tras del cual se asoma la ambición de recibir cincuenta millones de dólares como reparación de daños. Más parece ambición abogadil.

Pero la respuesta de Zedillo ha oscilado entre la negación y el cinismo.

Ahora –según fue ampliamente divulgado el fin de semana– se dice inmune cuando debería declararse (si lo es) inocente.  

Cuando se alega inmunidad por un cargo ejercido hace ya tantos años, no se prueba la falsedad de las acusaciones, nada más se exhibe el escudo. Y en ese sentido tampoco vale esgrimir los méritos democráticos durante la transición electoral, ni el testimonio comprensivo de Bill Clinton o el supuesto influyentismo en la Casa Blanca derivado de una vieja relación con la señora Hillary.

A Zedillo le convendría más demostrar lo improcedente de las acusaciones con lo cual ya sería ocioso e innecesario exhibir su inocencia. Eso valdría mucho. Invocar sus viejas e imaginarias glorias democráticas no vale nada.

 
MANCERA

Con insistencia sobre su condición de ciudadano y candidato externo, Miguel Ángel Mancera se inscribió ayer en el edificio del Partido de la Revolución Democrática para contender en nombre de los programas de la izquierda.

Sobre su capacidad y talento no hay duda. Nada más debemos esperar unos días para saber si la ley de la tribu se impone sobre la civilidad. Toda una prueba para la capacidad de control de Marcelo Ebrard. 

Maniobras, enfermeras y escudos
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