El crimen de la Tarahumara

Olvidado en los medios por el aluvión electoral de cuyos efectos no habremos de librarnos en los meses (y años) por venir, el crimen de la Sierra Tarahumara, paliado, parece no haber ocurrido.
 
Es como si la miseria y el hambre; el frío de duros huesos y el olvido de noche eterna sobre un suelo sin alimento ya no existieran o no hubieran existido nunca, como si no hubiera sido esa de las abundantes denuncias de días pasados, la vida invariable de los confinados en la incuria en la trágica realidad de la cual jamás escaparán los indígenas mexicanos. No nada más los de la etnia rarámuri.
 
Hoy el asunto debe nuevamente renacer en el interés general debido a varias cosas. La primera, el reconocimiento de cómo fueron expulsados de las nóminas del auxilio oficial para después ser reincorporados sin sanción alguna para quien los anuló como se tacha un párrafo mal escrito en el papeleo burocrático.
 
Veinte mil personas echadas a la calle del abandono por razones de burocracia insensible. Pero ese dinero ya estaba dispuesto y disponible y debe haber ido a dar a incógnito destino.
 
Quizá por eso a principios del mes, mucho antes de la fiesta electoral interna del PAN, en la cual venció la ex responsable de estos programas sociales, Josefina Vázquez Mota, el Presidente había anunciado algo dislocado en el tiempo:
 
“Estamos verdaderamente aplicando el mayor presupuesto de la historia; y esto lo hacemos, amigos, porque desde que supimos que era un año de sequía, por allá de junio, julio, del año pasado, hicimos un presupuesto responsable, que atendía desde diversas dependencias las necesidades que se veían venir.
 
“Y hoy tenemos un presupuesto federal de 34 mil millones de pesos, que vamos a ejercer, con toda seguridad, en apoyo a la gente de la Sierra Tarahumara, al pueblo rarámuri, a los mexicaneros, a los tepehuanos, a los cora, huicholes. En fin. A todas las comunidades indígenas”.
 
La verdad llama la atención tanta tardanza cuando todo se había previsto con la debida anticipación. Los presupuestos se echan a correr en febrero (o al menos se les anuncia), casi un año después.
 
–¿Y mientras? Pues el hambre, la resignación y también, el temple, como dijo el gobernador.
 
Ante el abandono de los rarámuris cobra un nuevo interés aquello revelado por el periodista José Reveles, en el libro La manos sucias del PAN, en el cual se ofrecen datos sobre un fondo de 55 millones de pesos originalmente destinados para viviendas rurales y aplicados después a los haberes de diputados panistas y otro tanto esfumado por arte mágico, cuyo propósito original era techar viviendas miserables de indígenas en… la Sierra Tarahumara.
 
En el prólogo de esa obra el recientemente distinguido Premio Nacional, Lorenzo Meyer señala:
 
"Estos recursos, según se sostiene en este trabajo, se desviaron mediante la intervención de una organización fantasma para servir a fines partidistas del Partido Acción Nacional".
 
Estos datos vienen a tomar actualidad ahora debido a la forma como Andrés Manuel López Obrador saludó la llegada de su contendiente, Josefina Vázquez Mota, a quien le recordó el desvío del programa “Oportunidades” para fines electorales.
 
El abandono hacia esas comunidades, sin embargo, no necesita la palabra de los opositores políticos. Para darse cuenta de su dimensión, nada más se debe advertir el volumen del auxilio ordenado por el gobierno y personalmente por el Presidente.
 
“Estamos aquí todos, el Gobierno Federal, con el Ejército Mexicano, con la Marina, con SEDESOL, con Pueblos Indígenas, con Secretaría de Salud, con SEMARNAT, con Programas de Empleo Temporal, con entrega de despensas, con obras para el agua potable; con el gobierno del estado, también, para que ninguna familia del Pueblo Rarámuri se quede sin comida o sin agua.
 
“Y, también, para que puedan tener un ingreso, así sea con Empleo Temporal, en lo que dura la sequía y poderles ayudar a ustedes y a sus familias”.
 
Toda la batería monumental de instituciones, programas e ideas para auxiliar a estos hombres de la montaña suena muy bien, pero nadie nos ha podido explicar cómo no se les vino a ocurrir hasta ahora.
 
Las obras de agua potable ¿no eran necesarias? ¿No hacían falta las plantas potabilizadoras? ¿Es apenas hoy cuando se dan cuenta del inexistente empleo “temporal” (sinónimo de mal pagado, seguramente)?
 
Las Fuerzas Armadas ahora mismo llevan auxilio en helicópteros y transportes militares. Los marinos se alzan el cuello con el ejemplo solidario y eficaz y todo el mundo se ha vuelto “tarahumarista".
 
Tanta ayuda comprueba el abandono de los últimos decenios y el tamaño del crimen. De antes ya ni hablemos.


El crimen de la Tarahumara
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