El desplumadero*

Quizá la más memorable de las pendencias entre intelectuales se describa sola; perfecta, fulgurante, precisa y eficaz, en el certero derechazo de Mario Vargas Llosa contra Gabriel García Márquez, quien cayó (déjeme usar una metáfora cursi y ajena) “como cae un árbol cuando lo rajan de pronto los mil cuchillos de un rayo”.
 
Desde esa tarde cuyos detalles conocí de primera mano (y Gabriel de primer puño) y cuya crónica he escrito varias veces y no pienso repetir, todos los demás conflictos entre escritores me han parecido simples graznidos de pavorreales peleándose por los granitos de maíz o las lombrices en el vasto jardín del presupuesto cultural.
 
En este país de ignorantes y analfabetos (todavía el 10 por ciento de los mexicanos formalmente no hace la “O” con un canuto y otro 80 por ciento la hace con dificultad suficiente para sostener un enorme elefante blanco llamado INEA), parece mentira la profusión de organismos grandes y chicos de “promoción” cultural.
 
No hay municipio sin Parnaso; no hay delegación sin Casa de la Cultura y no hay burócrata sin pretensiones de sentirse un segundo Vasconcelos.
 
Del Conaculta para abajo todos dicen ocuparse de la cultura y extienden su amplísimo abanico: del macramé a los conciertos de Shakira en el Zócalo. La cultura o aquello entendido como tal por el populismo de las instituciones da para todo y para todos.
 
Hoy vale la pena recodar esto debido a la caída de Sealtiel Alatriste de la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM tras haber sido denunciado por Guillermo Sheridan como plagiario y por tanto indigno de un premio concebido hace ya muchos años por Francisco Zendejas e instituido en memoria y homenaje constante a Xavier Villaurrutia, pero sobre todo vergonzoso para la Universidad donde al parecer en tantos años no hubo ningún estudioso (ni tampoco sesudo catedrático o aplicado funcionario) capaz de conocerlo como usuario del talento ajeno.
 
Total, todo se viene abajo como consecuencia de un pleito entre plumajes. Los plumíferos se despluman como Enrique Krauze hizo (por convicción o por encargo, quien lo sabe) con Carlos Fuentes, casi de manera tan cruel como los jóvenes pintores en los años setenta alzaron –con la ayuda de gringos “marchands de tableaux”–, la bandera de la ruptura contra los muralistas mientras Siqueiros murmuraba arrinconado “no hay más ruta que la nuestra” y Tamayo, a pesar de todo, los miraba desde la displicencia de su grandeza.
 
Intentar siquiera la crónica de los pleitos culteranos resultaría una tarea abrumadora y tan extensa como para ocupar decenas de ediciones enteras de este diario. Sólo como una prueba de lo añejo de estas pendencias: Lope de Vega llamaba a Juan Ruiz de Alarcón “un hombre formado entre paréntesis”; Quevedo le decía, “pechuga con pantorrillas”, y Tirso de Molina lo motejaba como un “poeta entre dos platos”. Y todo por su deformidad física y su osadía de “bañar” con su genio a los poetas españoles.
 
Vanidosos, altivos, caprichudos y buscones –adoran a Mecenas y el Becerro de Oro–, los escritores y algunos otros “intelectuales” (con las honrosas excepciones) se pelean por cualquier “tiquis miquis” lesivo a sus intereses. En el fondo son como cualquier otro: buscan el poder entre los suyos. Por ahora todos se quieren sentar en el trono vacío de Octavio Paz, quien como los toreros “mandones” todo lo controlaba y a todos mangoneaba. En fin, ninguno puede.
 
Hoy la rectoría de la UNAM se ha visto obligada a admitir la renuncia de Sealtiel, lo cual deja mal parado al director de la Revista de la Universidad, Ignacio Solares (empedernido y caprichoso censor, él mismo), quien a pesar de su condición de subordinado –y antecesor– de Alatriste lo promovió desde el jurado para el fallido premio cuyo diploma ha declinado con la cola entre las patas el autor de tan nefandos fusilamientos.
 
 
 
 
BRINDIS
 
En las plazas de toros, donde tanto se aprende, suelen los aficionados celebrar los brindis a los famosos. Pero cuando un matador le envía la montera a un señor de poca o nula fama, la porra grita: ¿Quién es ese…?
 
Esa pregunta colectiva la pudieron hacer quienes se enteraron de la designación del ingeniero Gabriel Quadri como candidato a la presidencia por el Partido Nueva Alianza. Una de las preguntas clave en cualquier encuesta es el nivel de conocimiento. En este caso de desconocimiento.
 
 
 
 
*Mis condolencias a la familia Azcárraga Romandía.


Vergüenza para la UNAM
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