Templarios, legionarios y otras sombras

Allá sufren mucho, Santo Padre, le dijo Felipe Calderón hace ya meses al Papa Benito (en español) XVI a quien invitó durante la beatificación de Juan Pablo II a México para consolar, alentar, fortalecer, aliviar, alegrar, entusiasmar y llenar de esperanza al pueblo cuyos quebrantos habría de confirmar el viernes en la triunfalista recepción abajeña bajo el tenor de frases rotundas como aquellas relacionadas con la violencia descarnada y despiadada; el daño irracional de los malvados y el siniestro rostro de la maldad nunca antes vista.
 
Pero ante esos fenómenos de podrida entraña, a pesar de los chorros sangrientos de las infecundas pero persistentes fuentes del dolor y la desdicha, el Presidente le ha dicho al Sumo Pontífice cómo somos fuertes, nobles y hospitalarios los mexicanos quienes nos sostenemos en valores fuertes como la roca.
 
Quizá tan dura como aquella piedra sobre la cual alzó Pedro los muros de la iglesia indestructible frente a cuyo signo vencedor no prevalecerán las puertas del infierno.
 
México —le ha dicho el Señor Presidente a Su Santidad, lleno de orgullo y con voz emocionada— está de pie.
 
Y entonces los acarreados de la dicha, los organizados en contingentes cuya resistencia sobró hasta para aguardar horas y horas y colmar los graderíos durante la recepción y las carreteras durante la visita, aplaudieron hasta la fatiga la verticalidad nacional.
 
Y ante eso el Santo Padre ha leído con voz aguda y débil un mensaje de conciliación y de esperanza, y desde su autonombrada condición de peregrino de la fe, le ha ofrecido al pueblo de México caminar juntos hacia un mundo mejor, pues no es la Iglesia competidora de iniciativas públicas o privadas sino colaboradora en el empeño del progreso humano y coadyuvante en la lucha contra las nuevas y antiguas formas de resentimiento y violencia.
 
¡Ah! La violencia siempre presente en la historia humana. Ella cuyo sangriento aletazo sufrimos todos desde los años primeros cuando el pecado nos mudó al este del paraíso, lejos de una vida en permanente estado de gracia y unidos con la divinidad.
 
Pero las cosas no son así y por eso el Santo Padre viaja prisionero en un capullo transparente con blindaje contra bazucas. Por eso en el extremo del delirio leímos hace días aquel mensaje de los Templarios y otros grupos criminales cuya mejor oferta al tiempo presente ha sido declarar una tregua. Ni un descabezado, ni un mutilado, ni tampoco cadáveres deshuesados en los tambos del pozole.
 
Ahora no, dicen los malvados. Ahora no por respeto, por colaboración, por cuidado a las formas. Ya vendrán tiempos de lucha, ya habrá ocasión de matar y sangrar. Ahora no, han dicho los malos en un incomprensible arranque de bondadosa comprensión hacia el visitante de la blanca capa pluvial y las sandalias de pescador.
 
De ellos por ahora no queda sino la sombra sobre la visita y también la vigilancia de varios miles de soldados y policías quienes cierran calles y carreteras y husmean por azoteas y balcones y clausuran vías y olisquean como sabuesos por los rincones de León y de Silao y no dejan pasar ni una sospecha.
 
Pero no era esta visita para calmar a las fieras de la violencia sino, supuestamente, para mitigar el dolor de los inocentes.
 
Y si de inocentes sufridores se trata pues ahí están las otras sombras, las de los cientos o miles de niños abusados por los sacerdotes pederastas a lo largo de los años y de cuyos pecados no quisieron saber ni los papas ni sus consejeros, ni las congregaciones para la pureza de la fe y la doctrina, ni los de la sanidad, ni los de la pastoral, ni nadie entre las murallas siempre silenciosas y bien custodiadas del Vaticano.
 
No sabe la mano izquierda los deberes de la derecha, pero el papa se conforma con haber desterrado y silenciado y suspendido a divinis al Padre Maciel cuyo poder en este mundo no hemos aún terminado de conocer.
 
Pero la ventaja de las víctimas es su anonimato masivo. Se habla de ellas así, en plural, sin rostro ni catálogo, sin inventario, sin compromiso de resarcimiento.
 
—¿Cincuenta mil muertes en México? No importa, ¿cuántas víctimas hay, cuántos desaparecidos? No importa. Usted ponga un número y ya sabrá la divinidad cómo reparte las bendiciones.
 
Por eso quizá el Santo Padre, como le dice su grey, prefiere pasar por este tema con una notable levitación:
 
“Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella, y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los Sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad.
 
“Como peregrino de la esperanza, les digo, con San Pablo: 'no se entristezcan como los que no tienen esperanza'. La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarla, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree”.
 
Libertad religiosa, dice el Pontífice al pie del Cubilete y su condición de monumento a los cristeros con todo el amplio significado de aquella guerra en la antesala de la batalla electoral con lo cual la condición pastoral de la visita queda absolutamente en entredicho.
 
Si de veras le quisieran quitar el componente político, deberían retirar la invitación a la misa a todos los candidatos. Y si ellos tuvieran una ideología definida y un  compromiso con las convicciones laicas tantas veces declaradas no participarían en un acto de culto.
 
 
 
PASIONES
 
Pero mientras eso no ocurre, pues se disputarán el lugar en la fotografía y se hincarán donde se hinque el pueblo (ya lo dijo aquel). María de las Heras nos muestra una encuesta levantada sólo entre católicos declarados quienes le responden a los encuestadores, pues no, si viera, no estamos ni tantito así de emocionados por esta vista, lo cual es obvio después de la idolatría por Juan Pablo II expresada hasta en las multitudes devotas en atención respetuosa ante las reliquias en procesión.
 
La visita no despierta pasión. Cuando mucho un respetuoso interés.
 
 
 
LIBERTAD
 
Diana Marroquín Bayardo —presidente de la A. C. “Al rescate de la mujer y su poder ciudadano”— es la única representante de los movimientos de diversidad sexual candidata a una diputación federal (distrito 4 de Tulancingo, Hidalgo). Ganó la competencia interna en el PRD para lograr esa candidatura, pero…
 
Pero le dijeron, siempre no. Así lo cuenta en un mensaje enviado a esta columna:
 
“…después de haber sido nombrada por la comisión política del PRD como la titular de la candidatura de ese distrito, se enfrenta a la corrupción e inercia de un partido de izquierda que se niega a avalar su candidatura por su preferencia sexual, y eso es paradójico ya que el partido señalado se llama Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), pero ellos que según abanderan el abanico social presente en México objetan la candidatura por ser ella originalmente hombre y mediante proceso de reasignación de sexo convertirse en una mujer. Sin embargo, al negarse Movimiento Ciudadano y objetar la candidatura por su preferencia sexual están cometiendo una grave discriminación y esto debe analizarse, ya que los partidos de izquierda pregonan su bandera incluyente y con esto están dejando sin posibilidad de que esta numerosa comunidad tenga alguien que represente sus necesidades”.
 
La carta es muy amplia pero destaca en ella el verdadero motivo de tal cancelación: ese es un distrito católico.
 
 
 
TOROS
 
Por lo pronto ya hay un dictamen en la Asamblea Legislativa del DF para prohibir las corridas de toros en esta ciudad. Regresaríamos entonces a los tiempos de don Venustiano Carranza, quien suprimió en este país el espectáculo taurino.
 
En esta ocasión los motivos no quedan realmente claros. No se sabe si es simplemente un afán mimético tras la prohibición en Cataluña o es parte de la ociosidad de quien necesita sacar un conejo de la chistera para satisfacer una búsqueda de imagen y creatividad.
 
Por lo pronto el sepulturero de la fiesta de toros en la ciudad de México, el doctor Rafael Herrerías, ha puesto (sin capacidad para ello) una advertencia a los legisladores: para hacerlo primero pasarán por sobre mi cadáver. Bueno, cada quien vale cuanto cree valer.


Pastor en entredicho
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