La otra verdad

Paul Krugman es un heterodoxo cuyas palabras casi siempre caen en el vacío. Más allá de haber sido distinguido con el Premio Nobel de Economía en el 2008, sus planteamientos políticos sobresalen por encima de sus diagnósticos económicos o econométricos. De muchas formas es un científico  incómodo (si la economía se considera ciencia) para quien las respuestas económicas pasan siempre por las decisiones políticas.
 
Krugman, quien como la mayoría de los Premios Nobel goza fortuna en el mundo con el mismo discurso alguna vez leído en Estocolmo y maravilla a los auditorios cuyo pago los acerca a la celebridad, ha llegado a México para dejar muy en claro, desde el punto de vista del experto incontrovertible (excepto para Agustín Carstens), algo muy sencillo para todos: la inseguridad y la falta de educación de calidad son los principales frenos al desarrollo nacional.
 
De ambos asuntos nos deberíamos horrorizar. Se trata de problemas sin solución, al menos mientras se quieran resolver con los mismos procedimientos y las mismas personas.
 
Dice Krugman:
 
“Respecto a los elementos que detienen el avance de México están el crimen y la inseguridad que es lo más obvio. No deberían estar ocurriendo y claramente se debería estar trabajando en (contra de) ellos.”
 
Pero además de esa obviedad, Krugman asegura algo que deberíamos reflexionar un buen rato: las llamadas reformas estructurales no son necesariamente la solución de todo, ni mucho menos la única posibilidad de hallar una salida.
 
La respuesta debería lograr el estímulo para la clase media a través de la eliminación de los monopolios, el fomento de la competencia, el crecimiento del mercado interno y la facilidad para una recaudación fiscal lógica, sencilla, masiva y universal. Eso dice Krugman y eso lo ha dicho hasta Pero Grullo.
 
Pero junto a este recetario de lo evidente expresado por el Premio Nobel durante su estancia como conferenciante en el Foro Mundial de Negocios del EGADE Bussines School del Tecnológico de Monterrey, también en un escenario de concurrencia internacional, el presidente Felipe Calderón ha repetido sus palabras de Cartagena, donde en confianza le dijo a Evo Morales todo cuanto abiertamente comentó en el Foro Económico Mundial para América Latina en Jalisco.
 
“Yo digo que el crimen organizado tiene una inercia sustitutiva del Estado”.
 
La afirmación es grave. Nunca había sido planteada en esos términos, no al menos hasta la mitad de este gobierno cuando en un intento de explicar con profundidad su estrategia, el presidente Calderón y algunos otros funcionarios de su gobierno dijeron con claridad: el crimen estaba tocando las puertas del Estado, por eso actuamos de tan decidida y contundente forma.
 
Pero de acuerdo con esta declaración ahora ha cerrado esa puerta, pero después de entrar. Cerraron por dentro.
 
“Porque estamos enfrentando una realidad distinta y lo que tenemos que hacer es poner estrategias distintas, ciertamente. Ahora, no es sólo enfocarse al tema del narcotráfico. Para mí, la premisa es, vuelvo al origen, es el Estado de Derecho. Lo que está en juego es el Estado mismo, lo que está en juego es la legalidad.
 
“Y lo que está en juego es preguntarnos quién manda. El Presidente Municipal de esta localidad, o el capo que está en esa localidad.
 
“¿Quién manda? El Gobernador de este estado, o el jefe del grupo o el jefe de la mafia que está en ese estado, o en un país. ¿Quién manda en un país? El Presidente y el Congreso, o manda las leyes de los capos”
 
Y en un símil un tanto atropellado, Calderón compara los delincuentes con los comerciantes simples y se mete en el tema de los monopolios:
 
“…Estos señores tienen un comportamiento monopólico y no quieren que entre su competencia, y en lugar de vencer a su competencia con precio y calidad, se matan. Y eso es lo que está generando un caos en nuestras regiones”.
 
—¿Hay en el mercado de las drogas precio y calidad? Quizá, pero no para saber cuántos cortes lleva la coca sino por su disponibilidad.
 
Pero Krugman tiene razón: se deben abatir los monopolios. ¿Hasta estos?
 
 

 
ESPAÑA
 
Si ya en Cataluña han prohibido las corridas de toros, ¿no podrían los comedidos catalanes promover la veda de los elefantes, los bisontes y los leones africanos?


¿Quién manda aquí?
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