¿Primavera o moda sin rumbo?

De pronto nos encontramos con cientos y con miles, con muchos miles de jóvenes en las calles, y si ellos saben la razón muchos de quienes los miran la desconocen. Estamos hasta la madre, podrían decir.
 
Y los preguntones les dirían: ¿desde cuándo?
 
Su actitud es lúdica, simple y desahogadamente apartidista; propietaria del ingenio fugaz de la pancarta. A vez jocosa, a veces hiriente. Son el producto repentino de la convocatoria de las redes. Tweet, tweet, canta el pajarito azul.
 
—¿Y todo esto?, se podía haber preguntado el visitante mientras la Estela de Luz se llenaba con los epítetos de la chunga y la burla.
 
La gran culebra serpentea y se va y se regresa. Nadie sabe hacia dónde, pero hay quien propone enfilar al Zócalo, a la plancha memorable, simbólica, donde todo debe transitar para lograr la patente de acontecimiento en la historia.
 
Es el matasellos de la legitimidad, la fecha por recordar, el sitio para saberse manifestante real.
 
“El que no conoce Los Ángeles, no conoce México”, se decía en el salón de baile de la Guerrero. Quien no llega a la enorme plancha devastada tantas veces, no conoce a fondo el disfrute derechoso de protestar; el derecho de manifestarse, de gritar.
 
Llegamos al Zócalo, la Meca de toda marcha con un cierto respeto por sí misma, pero como no se trata (para júbilo y alarde presidencial disfrazado de nota a pie de discurso en el extranjero) de una protesta contra el Presidente o contra “el gobierno”, villano de siempre frente a todos los pasos callejeros necesarios, entonces la protesta y la marcha misma pierden el sentido o por lo menos la heroicidad.
 
Vamos a Televisa, dicen otros, y van y se plantan frente a Chapultepec 18 seguros de su cantidad, de sus dimensiones multitudinarias y de su buen comportamiento a fin de cuentas. No tomarán los estudios como en su tiempo hizo Rosendo Gómez Lorenzo en el célebre asalto de los años treinta a la XEW, pistola en mano, cuando Coapa quedaba todavía muy cerca del fin del mundo y la izquierda comunista, la de a de veras con metralleta contra Trostky o con revólver contra la radio, rompió a plomazos cualquier cerco informativo también de a de veras.
 
Cuando mucho gritan “juaiderrito” o lanzan gastadas consignas de prensa y tele "vendidas" o repiten sin saberlo el evangelio según Andrés, convencidos de la calidad y potencia usurpadora de la tele para manipular la cruz del voto en las papeletas de millones de robots idiotizados por la propaganda y dispuestos a imponer a un  presidente a partir de la telenovela más cara de la historia.
 
—¿Eso es todo? Pues resulta poco.
 
La intensidad de estas protestas cuya esponjosa condición de movimiento sin movimiento, de marcha sin finalidad de fondo, de expresarse por expresarse, vale quizá en dos momentos.
 
El primero, cuando se indignaron por el desconocimiento a donde los querían confinar, cuando se les dijo "ustedes no son quienes dicen ser"; cuando se les llamó porros, infiltrados, y se les negó el derecho cuyo ejercicio habían disfrutado hasta la vergüenza de un irreflexivo “te odio”; y el segundo, cuando hilaron dos acontecimientos: si Peña es malo, la tele también, o al revés, como se quiera.
 
Y entonces salieron a la calle a protestar contra la “caja idiota” pero no por su lamentable condición, sino por querer pasarse de lista. Por eso ahora le exigen (vaya osadía) una cadena nacional para transmitir el debate del 10 de junio en Guadalajara, como si tuviera alguna importancia cósmica. ¿Eso es todo?
 
Luego entraron al estudio y se sentaron algunos de ellos con el jovial y dinámico señor Loret de Mola, y hablaron y dijeron y dijeron, y mientras más decían, menos decían; en todo caso, repetían… Nos “trasgiversaron”, decía una niña. Y nadie tuvo la piedad de corregirla. “¡Niña!, nos están viendo…”
 
Bien. Derribaron la indiferencia de la tele, salieron a cuadro y los vieron sus compañeros y sus “apases” y sus “amases” y todos “tuitearon” sus éxitos. Bien.
 
Pero no hay nada como la calle. Esa sensación de libertad y de propiedad histórica y trascendental del espacio sagrado en la cual nada nos arredra, en especial si el gobierno nos cuida con patrullas y policías siempre dispuestos a decirnos "pase usted, pase"; ya sea nuestro destino el mitin de Andrés Manuel en la Plaza de las Tres Culturas con todo y la mitología de 44 años a cuestas o la Plaza de la Constitución. ¡Dos de octubre no se olvida!
 
—¿Te imaginas cuando dentro de medio siglo la gente grite en la calle: "la Ibero no se olvida"?
 
Desde el “Zapatour” las cosas ya no son las mismas. La tolerancia suprime el heroísmo. Eso podría ser un buen epitafio para el manifestante desconocido.
 
¡Ah!, pero en mis tiempos (¿te acuerdas?, pinche búho)... Esas eran corretizas. Íbamos por las calles y recitábamos de memoria a Efraín Huerta. ¿Cómo iba?
 
Negros, negros caballos, negros hombres,
Negra y nutrida mariguana para la policía montada…
 
Pero hoy la policía montada, vestida de charro, pasea niños con globos el domingo en la Alameda, y si a un jefe policiaco se le escapa la canción del tolete, pues lo echan del cargo, lo corren simplemente. Ya las cosas no son como antes, ni las marchas, ni los motivos, ni los riesgos.
 
Es como torear de salón, es como darle muletazos a un toro adormilado, boxear con el sparring, beber pura cerveza sin alcohol.
 
—¿Dónde estás, mi pliego petitorio? ¿Dónde mis condiciones, dónde mi intransigencia de juvenil rebeldía?
 
Pero no ha habido voz sin megáfono.
 
Todos exageran hasta el delirio el despertar de la juventud. ¡Chale!; la “primavera mexicana” en busca de su Mubarak o su Gadafi.
 
Por favor, Monsieur Hessel, dígales a estos jóvenes “¡indignaos, indignaos!”, y también dígales cuántas razones hay para ello más allá de un poco de gel o de gomina:
 
“...La peor de las actitudes es la indiferencia, decir, ’No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante’. Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero… A la gente joven le digo:
 
“—Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación — hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!”
 
Y ellos han encontrado motivos. Grandes o menores, quién sabe.
 
Pero ¿y después?
 
Quizá falte, como dijo un prologuista del libro de Hessel, una segunda obra, una continuación, cuyo título ya no sea “indignaos”, sino “sublevaos”.
 
Pero eso es algo distinto del vandalismo mostrado en Querétaro contra uno de los vehículos de la caravana de Peña en campaña.
 
El candidato no iba ahí pero las mismas máscaras antisalinas de la Ibero se mostraban por todas partes mientras una banda ajetreaba la camioneta. Golpes, patadas, huevos, piedras.
 
Y en medio de todo eso, sin recato ni prudencia, la felicitación del secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, a los jóvenes cuyo despertar renueva la fe democrática.
 
¿Diría lo mismo si las agresiones fueran contra Josefina o algún otro candidato?
 
Los aprendices siguen jugando al brujo.
 
 
 
MUDANZAS
 
Quienes de seguro leen más Volver a empezar, de Manuel Espino, y menos el libro ya dicho de Monsieur Hessel, son algunos panistas zacatecanos que ya se mudaron a la casa de enfrente.
 
Juan Carlos Lozano Martínez, dirigente estatal del PRI, anunció ayer el acercamiento definitivo de Martín Gómez López, ex precandidato del PAN a diputado federal, quien junto con “líderes importantes de los municipios de Guadalupe y Pinos (no dijo cuáles ni cuántos)”, desde hoy son miembros del PRI.
 
Todos estos nuevos priistas tendrán oportunidad de profesar su conversión en la cercana visita de Enrique Peña a Zacatecas la semana entrante.
 
 
 
IFE
 
Ochenta y cuatro millones, 464 mil 713 ciudadanos forman la lista de empadronados para las elecciones de julio. El dato es contundente: 97.6 por ciento de los ciudadanos están empadronados y 92.7 tienen credencial vigente.
 
—¿Cuántos votarán? Eso no se sabe.
 
Todo lo anterior se dijo en la sesión del IFE del jueves, lo cual prueba una sola cosa: contra viento y marea, el Instituto viene cumpliendo su labor de manera profesional, así algunos hayan propuesto a Leonardo Valdez —como si fuera periodista o conductor de TV—, para moderar el segundo debate.
 
Si de mí dependiera, Guadalupe Juárez repetiría. Y la edecán, Julia, también. Pero ahora con minifalda.


Motivos para indignarse hay
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