La ronda de las apariencias

¡A la rueda, rueda de San Miguel!, cantaba la ronda infantil de la época precibernética y hoy quizá posmenopáusica.
 
Y todos daban vuelta y se divertían como locos y en la párvula almita de los impúberes (cosa distinta de estos ya peluditos y peluditas), el tiempo transcurría en una ronda juguetona. El espíritu lúdico, el placer de hacer como si se hiciera. Mundos irreales, mundos imaginarios, pero mundos al fin.
 
—¿Cuándo termina el sentido de lo lúdico en los seres humanos? Nunca.
 
Todos jugamos, todos construimos mundos ilusorios, imaginarios. Y eso fue el ejercicio de intercambio realizado en la Comisión de Derechos Humanos del D. F., esa mesa redonda con una silla cuyo vacío pretendía ser una demoledora crítica y terminó siendo un estorbo escenográfico junto al cual la señora Vásquez se veía (cuando se veía) distante y relegada. Mejor hubiera sido dejar la silla del inasistente en un extremo.
 
Pero los señores Quadri y López y la señora Vásquez fueron frente a los viveros de Coyoacán y jugaron a la democracia con los tecnológicamente poco diestros jóvenes del colectivo #YoSoy132, que quisieron hacer una posada para romper la piñata y todo les salió a pedir de boca, excepto por la falta de piñata.
 
Palos al aire, golpes al ausente; críticas a quien desde la distancia miraba (seguramente) una pantalla llena de interrupciones por la cual los “cientotreintayundoceros” naufragaron en el agua de su inconsistencia.
 
¿Tenía algún sentido para quienes han exigido apertura en los medios cerrar su debate, su mesa redonda o su posada sin colación ni tejocotes, a la cobertura de los medios?
 
Pues no tenía sentido, pero lo hicieron mientras pedían con orgullo tuitero la confianza de los ciudadanos en su capacidad para divulgar su empeño democrático a través de las redes sociales. ¡Ah! Porque así se le llama, esfuerzo democrático.
 
Pero sea o no sea democrático el afán, su actitud los bloqueó y perjudicó nada más a ellos. Si querían convertir el debate en un ariete (otro) contra Enrique Peña, no lo consiguieron. El daño a Peña ya se hizo, con las dimensiones conocidas y cuyo peso electoral se verá el primero de julio.
 
La mesa redonda del martes no iba a ahondar las dimensiones ni los efectos del antipriismo. Hace mucho tiempo, en México convertirse solamente en el “Antipristo” ha dejado de ser una bandera útil. Y si no, pues vean a Vicente Fox, el primer presidente de la alternancia y el primer ex presidente del arrepentimiento.
 
La única utilidad de todo este colectivo reside en su propagación y esa no se logra sin los medios. Lo saben tanto como para convertir la actitud —la democratización— de los medios en una de sus pocas banderas visibles. Pero cuando los medios “tradicionales” quieren transmitir su momento estelar, entonces se cierran y mandan la pantalla a negros, como dicen los técnicos de la TV.
 
—¿Quién les entiende?
 
Pues se entienden ellos y quizá con eso les baste. Ya no viven en esa edad del perverso polimorfo (lo decía Freud), pero se gozan y satisfacen con sus propios esfuerzos.
 
Pero en el catálogo de la corrección política ya es un lugar recurrente hablar de la inteligencia de la juventud, del despertar de los “muchachos”; la frescura cuya conducta nos aporta, su capacidad redentora y constructora; etc, etc.
 
Puro güiri-güiri en la tierra del cuchi-cuchi, como diría JV (fuchi-fuchi).
 
 
 
SILLA VACÍA
 
El recurso irónico de dejar una silla vacía cuando alguien se rehúsa a presentarse a un estudio de televisión, a una conferencia o una mesa redonda, no tiene ninguna novedad.
 
Se ha hecho muchas veces. Como muchas de estas “tradiciones” nos viene de la TV americana, donde nacieron los debates por TV. Alguna vez Edward Murrow recurrió a ese efecto visual mientras se desarrollaba su pleito interminable contra el senador McCarthy. También lo hicieron otros.
 
Los defensores de los derechos humanos en Europa, por ejemplo, recurrieron a ese lugar sin asistente cuando no le pudieron entregar un premio al disidente cubano sin visa, Oswaldo Fariñas, y otro tanto pusieron en práctica los académicos de la Fundación Nobel en Oslo, cuando no le pudieron dar, hace 18 años, el premio a Suu Kyi.
 
 
 
HERIBERTO
 
Reunidos en un volumen  de casi 500 páginas, con una portada hecha por el dibujante Luis Carreño, presenta Heriberto Galindo los pensamientos e ideas de Enrique Peña. Se trata de una recopilación de fragmentos de discursos, entrevistas y artículos elaborados por el candidato del PRI a lo largo de los años recientes.
 
Ideas e ideales, se llama el libro. Fue presentado anoche en el Club de Industriales de Polanco. Harto grillerío, mientras en otro salón Pedro Vásquez Colmenares llevaba otro libro: su oportuna advertencia sobre el cataclismo de las pensiones en México, quiebra cuyo volumen es quizá el peor problema financiero de este país.


Faltó la piñata
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