Vicente Fox y los ingratos

Tras su máscara de fraternidad cristiana, el Partido Acción Nacional ha sido siempre una organización intransigente y fascistoide.
 
“La jerarquía y la disciplina —decía Manuel Gómez Morín en 1939— son las únicas fuentes capaces de proporcionar estructura, fisonomía, medios reales de acción a la actividad de grupo y son, además, expresión concreta y consecuencia inmediata de nuestra posición doctrinal misma”.
 
—¿Cuál es la posición doctrinal cuyo sentido sólo se halla en la obediencia jerárquica? El autoritarismo. Por años el presidente del Comité Ejecutivo Nacional fue llamado (al estilo callista) Jefe Nacional. No en balde Calles y Gómez comieron en la misma mesa.
 
Hoy esa disciplina estéril se expresa en una revancha biliosa contra Vicente Fox a quien ya le mandaron un pequeño arcángel con espada de fuego para enviarlo al este del Paraíso. ¡Vaya oso!
 
En el PAN ha habido expulsiones vergonzosas. Una de las peores fue sin duda la de Aquiles Elorduy, uno de los fundadores del partido, a quien personalmente Gómez Morín echó a la calle por el imperdonable delito de haber criticado en artículos de prensa un Congreso Eucarístico celebrado en Durango en 1949.
 
En fechas recientes la inquina se cebó contra Manuel Espino, presidente del PAN durante la campaña triunfadora de Felipe Calderón por la presidencia de la República. Como verdugo obediente, Germán Martínez lo atropelló sin ninguna consideración a su calidad de ex dirigente ganador. Ni ese mérito le quisieron reconocer.
 
Ahora la “disciplina” se le viene encima a Vicente Fox quien solamente les hizo ver lo inevitable. Josefina Vásquez no tenía posibilidades de vencer a Enrique Peña Nieto. Y quizá benévolo no les quiso decir, tampoco a López.
 
Sin embargo, esto no debe llamarle a nadie la atención. El canibalismo político es una tradición casi en todas partes. La manera, por ejemplo, como se le fueron encima en el PMT al pobre Demetrio Vallejo, acusado (a los 200 años de edad) de acoso sexual, es una muestra. Y eso por no hablar de las muchas expulsiones de militantes distinguidos en el viejo Partido Comunista. De eso supieron José Revueltas, Diego Rivera y otros muchos cuyos nombres ahora son innecesarios.
 
Pero en estos días las vendettas y las purgas no llaman tanto la atención como la cobardía de quienes formaron el "gabinetazo”. No ha habido uno solo de ellos cuya voz se alce, no para defender a Vicente Fox en un proceso sumario y lamentable, pero al menos para reconocerlo como amigo. Amigo equivocado, pero amigo al fin.
 
¿Dónde están hoy los secretarios cuyos negocios prosperaron al amparo de su cargo y la tolerancia o el disimulo de su jefe? Están callados, agazapados para evitar cualquier infidencia sobre cómo en privado hablaban mal de Calderón —sobre todo cuando dejó la Secretaría de Energía— para gusto de su ex jefe. No se vayan a acordar.
 
La noche de la desgracia, cuando Josefina Vásquez tuvo la entereza para anunciar las tendencias negativas por las cuales Acción Nacional se iba a la ruina electoral, se veía por ahí en un rincón a Santiago Creel. Nunca dijo nada en defensa de quien lo hizo poderoso y hasta lo quiso impulsar a la candidatura. En un partido lleno de abogados, nadie abogó por él. Ni quienes le debieron curules, escaños o carteras en el gabinete.
 
¿Y dónde quedaron los Usabiaga, la locuaz Xóchitl Gálvez; el mismo “Negro” Elizondo o Derbez, por no citarlos a todos? Prefieren escuchar en silencio la alharaca injuriosa del “jilguero majadero”, Javier Lozano. Ni uno solo de ellos lo ha acompañado a esta hoguera. Todos juegan a la amnesia, todos se cuidan como si en el fondo del naufragio todavía hubiera algo para repartir.
 
Quizá Fox no era todavía un político completo. Ahora ya lo es. Ya probó el amargo fruto de la ingratitud. Como si él —ganador de dos elecciones— hubiera tenido la culpa del  desastre.
 
 
 
PERIODISTAS
 
No recuerdo de quién es la frase pero estaba debajo del cristal de algunos escritorios en la vieja redacción de Excélsior:
 
“A condición de que su director no lo abandone, un periodista no tiene nada qué temer de un Jefe de Estado.”
 
Al parecer Ciro Gómez Leyva (Milenio), quien no sé si haya leído esas palabras alguna vez en su vida, las ha hecho suyas en la airada y necesaria defensa de sus compañeros acosados por los acólitos de Andrés Manuel, quien no es un estadista, pero sí un hombre a quien muchos fanáticos siguen ciegamente.
 
No se sabe si van detrás de él como un líder político o como otros fueron tras el reverendo Jones o David Koresh.




Canibalismo político
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