Quien a hierro mata...

Triste y desconsoladora para su familia la imagen de la señora Jacqueline Malinali Gálvez acusada de pertenecer a una cruel banda de secuestradores cuyas víctimas vivían (o sobrevivían) el cautiverio o la mutilación en jaulas para perro. Vergüenza y oprobio si las acusaciones llegaran a probarse; si la mujer pasara muchos de los años restantes de su vida enjaulada o enrejada —es lo mismo— en la cárcel, lejos de sus hijas y sus parientes hoy sumidos en la congoja; como estaban sus víctimas.
 
Un caso policiaco más de la vida mexicana actual tan prolija en historias de esa naturaleza, pero en esta ocasión un asunto notable por la fraternidad de la acusada (hasta hoy inocente pues su culpabilidad no ha sido probada todavía) con la polémica ingeniera Xóchitl Gálvez, quien saltó a la vida y la fama públicas durante el gobierno de Vicente Fox (hoy en vías de expulsión de su partido, por cierto), como responsable de los programas de atención a las comunidades indígenas y después como candidata derrotada en la contienda por el gobierno de Hidalgo.
 
La mezcla de esas circunstancias ya le debería dejar una lección a la ingeniera Gálvez: no se vale mezclar a los familiares de los adversarios políticos con la pugnacidad de las disputas electorales, como ella hizo con los hermanos de Miguel Ángel Osorio Chong.
 
Recordemos.
 
De acuerdo con una investigación periodística, a la postre tan falsa como un billete de tres pesos, y frente a cuyo resultado oficial los autores del “hallazgo periodístico” se retractaron públicamente y por escrito, los hermanos Osorio habrían tramado una compleja red financiera con delitos en propio beneficio y otros en favor de la campaña electoral de Enrique Peña. Así lo publicó La Jornada:
 
“Pachuca, Hgo., 26 de junio.- Cinco días antes de las elecciones, Xóchitl Gálvez Ruiz, candidata del PAN al Senado, denunció la existencia de una red de tres ex gobernadores de Hidalgo que —asegura— canalizan multimillonarios recursos extraídos de obras públicas de la administración estatal hacia la campaña del candidato del PRI a la Presidencia, Enrique Peña Nieto.
 
“En conferencia de prensa, la también ex comisionada Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas señaló como operador financiero de dicho grupo a Eduardo Osorio Chong, hermano del ex mandatario Miguel Osorio Chong, quien junto con Jesús Murillo Karam y Manuel Ángel Núñez Soto forma parte de dicha red”.
 
Si bien el asunto de los Osorio Chong fue materia de exoneración, la actitud de la ingeniera de embestir a los hermanos de su adversario, y hacerlo sin pruebas válidas, como a la postre probó la PGR, debe hacerla pensar en los riesgos actuales de ser medida con la misma vara. O como dice otro refrán, quien a hierro mata a hierro muere.
 
El tiempo —como suele suceder— dirá la última palabra en este asunto.
 
En el caso del actual coordinador político de Enrique Peña y sus familiares, la Procuraduría General hizo justicia. Los hermanos y él, son inocentes. Esperemos el desenlace de la investigación en torno de Malinali y aguardemos, con esperanza de inocencia, también, las palabras del juez.
 
Pero si no…
 
 
 
NOVILLADA EN EL TRIFE
 
Como usted sabe, el arrendatario de la Plaza México, un señor cuyo nombre me rehúso a escribir, es socio de Miguel Alemán Magnani, a quien por razones del diminutivo cariñoso de las familias mexicanas, ya no le tocó ser Miguelito (así le decían en sus mocedades a su papá) sino Miguelitito, pues es el tercero en línea directa de esa poderosa dinastía bautizado con tan arcangélica evocación.
 
Pero el asunto no son los diminutivos cariñosos de las familias famosas, sino la materia de la sociedad de esos dos caballeros.
 
Como de seguro el joven Alemán no sabe en cuál negocio quiere perder dinero, ha puesto uno cuya contabilidad en números rojo sangre es asunto seguro: una ganadería de reses bravas.
 
La dehesa se llama “Jorge María” y fue fundada en 1984 en San Miguel de Allende, Guanajuato, el mismo lugar donde alguna vez “Cantinflas” fundó “Moreno Reyes” y la hermosa Mónica Jurado tiene “El atascadero”.
 
Pero con el buen humor de la vida muelle, quisieron los dueños del hierro ponerle a los novillos estoqueados el domingo pasado en la tercera novillada de este serial menor (aunque en la México todo es “temporada chica”), nombres alusivos a la etapa poselectoral.
 
Y como cada quien entiende su propio sentido humorístico, aun cuando a otros no les produzca la mínima sonrisa, pues decidieron llamarle “Copetón” al primer burel; “Impugnado”, “Ganador”, “Chepino”, “Complot” y “Títere” a los demás, en ese orden.
 
¡Ay!, qué buena puntada, dijo Don Memo.

La vara de Xóchitl Gálvez
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