El hexágono del capricho

Nadie sabe la razón, pero cuando las organizaciones estudiantiles “espontáneas”, de origen impreciso, desarrolladas casi siempre a la sombra de personalidades políticas encallecidas en la lucha callejera, abundantes en reivindicaciones redentoras, deliberan, discuten y se enfrascan en interminables polémicas internas, concluyen siempre en documentos de seis puntos. Tantos como ángulos tiene un hexágono, picos una estrella de David o paredes la celda de un panal sin miel, ni abejas.
 
Los integrantes del ecléctico colectivo de imprecisa autodefinición pujaron y pujaron, y en la callejera sala de partos de la avenida Chapultepec dieron a luz el robusto bebé de sus peticiones nacionales.
 
En síntesis, cambiar el mundo, al menos este mundo. Esto piden después de muchas deliberaciones.
 
1.- Democratizar los medios de información* hasta hacer de ellos medios públicos (es decir, no concesionados ni privados, según entiende este modesto redactor) mediante su socialización; o sea, su expropiación, cancelación o separación del ámbito privado.
 
2.- Cambiar el modelo educativo, científico y tecnológico, para desembocar en un sistema laico, pluricultural, democrático, humanista, popular, crítico, reflexivo y de “alto nivel económico” (sic).
 
3.- Abandonar el modelo económico neoliberal. Las razones para hacerlo son todas. El mercado no resuelve, la mano invisible no trabaja, la injusticia se agrava y los problemas no se resuelven, sino se agudizan en un mar de contradicciones.
 
4.- Rehacer el modelo de las instituciones de Seguridad Nacional y justicia. Con esta finalidad se habla de retirar a las fuerzas armadas de las labores de seguridad pública y detener “la criminalización, represión y hostigamiento” de las expresiones sociales de la protesta, lo cual suena como una simple curación en salud, pues en este punto se incluye el anuncio de su vinculación con otras expresiones sociales como los “atencos” y los electricistas en resistencia, todo esto con la finalidad de apoyar proyectos autónomos y de autogestión, mediante asambleas distritales, municipales, comunales, locales y barriales.
 
5.- Construcción del poder popular y ciudadano que vigile a los órganos de Gobierno y aplique en la sociedad mecanismos para la solución de sus demandas.
 
6.- Cumplir plenamente con el derecho a la salud consagrado en el artículo Cuarto Constitucional y lograr la observación federal del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU.
 
Pero estos puntos son variables, esquivos.
 
Ni forman un manifiesto definitivo ni son la última palabra, como seguramente veremos en los días por venir conforme avancen los motivos de la inconformidad. Es dable anticipar un punto adicional: rechazar el fallo del Tribunal Electoral cuando califique la elección federal como válida y legítima, libre y todo lo demás. Esa será la clarinada con la cual Nerón le prenderá fuego a Roma.
 
Pero mientras eso ocurre o no, ya ha habido otros pronunciamientos.
 
Por ejemplo, el 4 de junio durante una marcha realizada en Veracruz, universitarios del movimiento #YoSoy132 (o al menos cobijados por el membrete) leyeron un manifiesto más pequeño, en el cual todo se sintetizaba en los dos puntos del periodo “Ibérico”: democratización de los medios de comunicación y repudio hacia el PRI y Enrique Peña Nieto.
 
En estos mismos días previos al bloqueo de Televisa (finalmente la inconformidad no cerró el Paseo de la Reforma, se conformó con la avenida Chapultepec), una sección de la Escuela Nacional de Antropología, alineada a los #132, presentó su Proyecto Internacional en Defensa de la Democracia y por la Invalidez de la Elección.
 
Este plan tiene como horizonte la semana del 30 de julio al 3 de agosto.
 
Su estrategia consiste en una campaña nacional de recolección de firmas “para solicitar la protección del sufragio ciudadano”, documento acusatorio con el cual se acudirá a la Organización de Naciones Unidas y la OEA.
 
El proyecto, bautizado (si eso se pudiera en una lucha laica) como “YoTambiénSoyDefensor”, busca “de forma creativa y didáctica” exhibir las violaciones sistemáticas antes, durante y después del proceso electoral.
 
 
“Esta iniciativa se llevará a cabo mediante una exposición-museo itinerante, brigadeo informativo en plazas públicas y proyección de documentales, así como la realización de talleres y cursos sobre derechos humanos, participación ciudadana y cultura política”, dicen los antropólogos.
 
Como podemos ver si nos tomamos la molestia de acudir a cualquier archivo, el pliego petitorio del movimiento del 68 era una simpleza junto a esta renovación absoluta de la vida nacional. No es lo mismo exigir la desaparición del cuerpo de granaderos a lanzarse de frente contra el capitalismo internacional expresado en la doctrina neoliberal.
 
A pesar de todo y pese al “Tlatelolcazo” ni siquiera se esfumó el cuerpo de granaderos. La única diferencia es su papel de antes y el de ahora. En 1968 los granaderos golpeaban a los estudiantes. Hoy les abren paso, los cuidan de los (otros) provocadores y hasta se cooperan “pa'l chesco”.
 
Con base en estas nimias peticiones se descompuso la política nacional, hasta llegar al baño sangriento, hace 54 años:
 
1. Libertad de todos los presos políticos.
 
2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.
 
3. Desaparición del cuerpo de granaderos.
 
4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.
 
5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
 
6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
 
Vale la pena notar un detalle: indemnizaciones a las víctimas cuyos familiares cayeron o resultaron heridos durante el conflicto. Es la misma petición (con todos los matices del caso) de la rimbombante Ley de Víctimas, hoy materia de una controversia constitucional entre el Legislativo y el Ejecutivo.
 
Quienes han estudiado la evolución de otros movimientos estudiantiles han llegado a una conclusión: ese segmento social no tiene capacidad de transformación ni de revolución. Se los dijo Salvador Allende en Guadalajara y se los ha reiterado Fidel Castro a lo largo de 50 años.
 
Los analistas de la evolución del mayo del 68 advirtieron cómo el movimiento tomaba fuerza gracias a la solidaridad de la CGT (la Confederación General de Trabajadores) y cómo la perdía cuando el dirigente obrero, Goerges Séguy, los dejaba al garete con su famoso “no a la aventura”.
 
Hoy ¿quiénes dicen sí a la aventura? Pues nada más Martín Esparza y algunos maestros de la Coordinadora quienes no han podido contra el mundo real. Ni los electricistas impidieron la extinción de LyF ni la CNTE ha rasguñado siquiera el poder del sindicato mayoritario.
 
Hay de aventuras a aventuras y también de aventureros a aventureros.
 
 
 
Vaya si es colorido el asunto del narcotráfico en este país. Mientras en estados Unidos nos anuncian los golpes contra la estructura financiera del “Azul”, aquí la Marina Armada detiene al poderoso “Amarilllo”, cuyo nombre es Mauricio Guizar Cárdenas, colaborador directo de Omar Treviño Morales (a) “el Z-42” (nada relacionado con el #132) y conocido también como “el Color”.
 
 
 
 
*Las negritas son de ellos, lo demás, no.

Puntos para cambiar el mundo
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