Recoger los pedazos, pero todos

La reunión sabatina del Partido Acción Nacional cuya definición podría ser una pelea sin reglamento en la cual un peso completo abofetea con la mano abierta a un peso mosca, nos ha mostrado a un militante autocrítico en cuyo desempeño no se expone a la peor de las críticas: ¿vale la pena preocuparse tanto por el futuro del partido cuando no se ha visto similar interés por el futuro del país?
 
Hubo datos muy significativos en el discurso del presidente Felipe Calderón en la reunión del Consejo Político Nacional. La primera, su anfibia condición de la cual ya no vale la pena abundar. Mucho se dijo del riesgo de lanzar consignas, estrategias y mensajes partidarios para por la noche regresar a Los Pinos y gobernar, de dicho, para todos los mexicanos, panistas y no.
 
¿O ya olvidamos aquel viejo discurso en torno de la obligación de “martillar y martillar” con la idea del narcotráfico metido en las elecciones, seguida al pie de la letra por su hermana al perder Michoacán?
 
Pero esas son culpas del tiempo, no de España, decían antes, y a nadie le conviene anclarse en aquellos hechos.
 
Sin embargo, sí vale analizar un poco los actuales.
 
El Partido Acción Nacional, por ejemplo, desdeña las palabras presidenciales y no las incluye siquiera en su portal. O no lo había hecho hasta ayer por la mañana. ¿Signo de unidad o de división? Todo eran las palabras de Gustavo Madero, quien además de regañado resultó rencoroso. Te saco de mi página, habrá dicho.
 
Y sobre todo hay datos preocupantes para quien se interese en el futuro del partido.
 
Ya no tenemos el gobierno, nada más nos queda el partido, les dijo Calderón a sus correligionarios a quienes confió: "Dentro de poco volveré a ser Felipe y eso me agrada y me place". Y ante la premura de los hechos y la dimensión del fracaso, los insta a constituir una comisión cuya responsabilidad (y en ello nos va la vida, dijo) será modificar estatutos, cambiar lo necesario, redefinir lo indispensable, apresurar lo posible.
 
Pero esa comisión de notables tiene solamente algo notable: está formada por quienes llevaron al partido a esta condición. El único ausente es el militante non (lo será nada más hasta diciembre) y no se sabe si después formará parte de ese único haber de una generación cuyo credo o no fue comprendido, o fue mal aplicado o fue de plano traicionado.
 
¿De veras piensan salir adelante con las luces de Luis Felipe Bravo Mena, César Nava y Germán Martínez? ¿Será suficiente el talento de Carlos Medina Plascencia, Luisa María Calderón, Marco Adame, Santiago Creel y Cecilia Romero? Ya de Juan Molinar ni le digo; pero cómo van a lograr quienes causaron el naufragio, los presidentes impuestos y complacidos por el dedazo, los candidatos inútiles o de plano pigmeos (lo dijo FCH), sacar el casco de los corales y poner de nuevo a flotar el barco.
 
¿Y a dónde va a ir ese buque una vez retiradas las algas y los caracoles de su herrumbrosa quilla? ¿Quién va a ser su piloto, quién su capitán, cuál su tripulación?
 
Obviamente sólo arde la cera guardada en la alacena y se tira el arado con los bueyes existentes, no con los ajenos ni los lejanos, pero no se trata de un asunto de personas, creo yo, sino de las ideas de esas personas. Si los notables no se despojan de los malos pensamientos adquiridos en su paso por una política triunfante en apariencia y hundida en la realidad, si no hacen (los católicos dicen dominar estas prácticas) un verdadero acto de contrición y un contundente propósito de enmienda, volverán a pecar de la peor manera posible: seguirán siendo soberbios.
 
Y si la soberbia se vuelve intolerable en la victoria, en la derrota se hace biliosa amargura; nube amarilla frente a los ojos, como algún día dijo en un discurso relampagueante Juan José Hinojosa.
 
¿Podrán los mismos hacer cosas diferentes? Ese es su verdadero desafío.
 
 
 
PRI
 
Quien plantea igual premura, no para modificar asuntos internos de su partido (y vaya si les hace falta) sino para legislar con presteza y oportunidad, es el coordinador de la bancada del PRI en el Senado de la República, Emilio Gamboa, quien dice:
 
“El PRI, sabrá poner sobre la mesa los puntos básicos que permitan alcanzar los acuerdos y trabajará con todo empeño, para lograr alianzas que conduzcan a la aprobación de las reformas que lleven a México hacia la modernización y a un mayor desarrollo… (Tenemos) el mandato popular de encontrar soluciones a las demandas que se postularon en la campaña política de Enrique Peña Nieto, por lo que se trabajará con entrega para impulsar las reformas comprometidas por nuestro futuro Presidente”.
 
Y en ese sentido, el líder de los tricolores en San Lázaro anticipa con el ábaco en la mano: el PRI tiene 207 diputados a los cuales se sumarían 33 del PVEM, y quizá 10 de Nueva Alianza, si desaparecen las asperezas con ya sabes quién, lo cual es posible dado el volumen del asunto. Con eso hay 250.
 
—¿Cuánto vale el voto faltante?

Los mismos bueyes, el mismo PAN
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